El Barça mete 33 goles en 7 partidos y aún no tiene un 'nueve'
Un delantero de 29 años, con dos rodillas que dan miedo, llega al Camp Nou por diez millones de euros. Se llama Gabriel Jesus, viene del Arsenal, firma dos años y el club inglés se queda un 20% de un futuro traspaso. En paralelo, el equipo de Hansi Flick acumula 33 goles en siete partidos y 28 en solo seis jornadas de liga. La cuenta no cuadra por ningún lado: el Barça más letal de la última década se ha construido, otra vez, sin un delantero centro de verdad.
Durante 94 días y 2.800 mensajes, la afición culé ha convertido este verano en un laboratorio donde caben el fichaje más caro del rival, un culebrón argentino de 150 millones, la ruina estructural del baloncesto y una discusión eterna sobre si tanta fiesta ofensiva sirve de algo en abril.
Cucurella al Madrid: 60 millones y seis años por un lateral
El primer terremoto del verano no fue azulgrana. El Real Madrid cerró el fichaje de Marc Cucurella por unos 60 millones de euros más variables, con un salario cercano a los 20 kilos anuales y un contrato de seis años para amortizar la operación. La reacción en el entorno culé fue una mezcla de alivio y rabia: alivio porque el precio parecía fuera de mercado para un lateral «buenísimo en el pressing alto y mediocre en todo lo demás»; rabia porque el jugador formaba parte de la casa.
El análisis económico que se impuso fue tajante: esa operación «solo te la firman dos clubes estado en todo el planeta, el de París y el de Madrid». La comparación con las cuentas azulgranas, obligadas a cuadrar cada euro, servía de recordatorio de que la liga se juega también fuera del campo. Hubo quien exigió igualar la oferta. La mayoría entendió que el Barça no podía.
El culebrón Julián Álvarez: 150 millones y un veto que no se movió
El nombre que atravesó todo el verano fue el de Julián Álvarez. El Atlético de Madrid llegó a aceptar su traspaso al Arsenal, pero el jugador dijo no. El club colchonero mantenía el veto a negociar con el Barcelona como destino, y las cifras que circulaban —130 millones más 25 en variables, según algunos relatos— parecían una salvajada.
La lectura que se fue imponiendo con las semanas dio un vuelco notable. Al principio, buena parte del personal quería al argentino; al final, muchos sostenían que «ni 50 millones pagaría a día de hoy por él» y que no mejora a Ferran Torres. Se citaba incluso que, en un partido de selección contra Jordania, fue el único delantero que no marcó. La conclusión más repetida: hay jugadores que funcionan en un sistema y se apagan en otro, y pagar 150 kilos a un rival directo por un jugador de ocho goles en una temporada no se sostiene.
En el otro lado de la balanza, hubo quien defendió el fichaje como una oportunidad irrepetible por edad y por precio, y como un golpe de imagen al madridismo. La operación, a fecha de este análisis, nunca se cerró.
Ferran Torres, Lewandowski y la obsesión por el 'nueve'
La salida de Ferran Torres, valorada en 45-50 millones, y la ausencia definitiva de Lewandowski dejaron al equipo con 47 goles menos en el casillero. La pregunta que se repetía era simple: ¿quién los mete ahora?
La respuesta del club fue Gabriel Jesus por diez millones. Un perfil móvil, con calidad en la conducción y visión de juego, que encaja en la pizarra de Flick, pero con un historial de lesiones de rodilla que convierte cada titularidad en una incógnita. La comparación que se instaló fue la de los delanteros low-cost que ya habían funcionado antes en Can Barça: Larsson, Luuk de Jong, Aubameyang. «No pedíamos un nuevo Larsson? Pues ya lo tenemos», resumía uno de los análisis más celebrados.
El dato que descoloca: en tres partidos, Gabriel Jesus ya casi igualaba la marca goleadora de Julián Álvarez en toda la temporada anterior. Diez millones frente a 140 chupando banquillo.
¿Por qué el Barça mete 33 goles pero encaja dos contra el Racing?
Aquí está el corazón del debate. El equipo de Flick anotó 28 goles en seis jornadas de liga y sumó un 6,65 de goles esperados (xG) en un solo partido, la cifra más alta registrada en La Liga desde que existen estadísticas. Se goleó 7-1 y 7-2. El lateral izquierdo marcó entrando por el carril central. Cinco jugadores distintos aparecen en disposición de gol cada jornada.
La defensa del espectáculo es entusiasta: «No metes 33 goles y tienes a seis o siete jugadores goleando si no juegas un fútbol total». Hay quien sostiene que este sistema es, ahora mismo, indefendible, y que un partido convertido en correcalles contra un rival inferior siempre beneficia al grande.
La defensa de la prudencia es igual de sólida: «Prefiero ganar 3-0 que 7-2». Un equipo que va 2-0 al descanso y no tiene la sensación de tener el partido cerrado es un equipo que sufrirá en marzo. Y las Champions, recuerdan, no las ganan los que más goles meten. El propio Flick ya vivió algo parecido en su Bayern: en la liga alemana encajaba un gol por partido, y en la fase final de la Champions cerró la portería de golpe.
La regla 1:1 y la vuelta a Montjuïc: por qué se ficha para dos años
Un factor estructural condiciona todo el mercado: la vuelta al estadio de Montjuïc la próxima temporada dejará al club fuera de la regla 1:1 durante varios meses. La consecuencia práctica es que este verano había que fichar pensando en dos campañas, porque el siguiente mercado grande llegará tocado.
El contraste que indigna es que el Barça reduce gasto en fichas, gana títulos y suma patrocinadores, mientras pierde entre 20 y 30 millones en asientos y sigue con el margen al límite. «Otros fichan y fichan, los negocios se les caen y no les afecta nada», se lamenta desde el análisis culé. La mafia de la UEFA y los clubes estado cierra el círculo: un club de socios, sin dueño al que exprimir, compite en inferioridad estructural.
El baloncesto pierde 10-20 millones al año y la cantera se va a Estados Unidos
La sección de baloncesto arrastra pérdidas de entre 10 y 20 millones anuales, partidos de pago que vacían las audiencias y una cantera que forma jugadores para la NBA. Un futuro crack como De Larrea no llega a asentarse en el primer equipo. Y hay un detalle que se repite con sorna: Pau Gasol, comisionado de la NBA, tiene entre sus funciones reclutar chavales, ya no de 18 años, sino de 16.
El diagnóstico compartido es que toca aguantar años malos hasta que las obras del estadio terminen y los ingresos crezcan 200 o 300 millones. La defensa de la sección, mientras tanto, es emocional: «Aunque el equipo sea una mierda, lo sigo viendo».
Negreira, cánticos y el Madrid como 'club del Estado'
La conversación derivó, en varios tramos, hacia la política. La Liga denunció los cánticos del Camp Nou contra España y la Policía en un partido ante el Athletic, mientras que en el entorno culé se denuncia la hipocresía de que los mismos que se quejan toleran gritos contra Cataluña en otros estadios.
El análisis más citado recuperó una frase histórica de Raimundo Saporta: el Real Madrid es monárquico en la Monarquía, republicano en la República y franquista en el Franquismo. El club del régimen, de cualquier régimen. La tribuna del Bernabéu, abarrotada de quienes mueven los hilos del país, es la prueba que se esgrime. Una parte del debate sostiene que el Barça es un club catalán que permite libertad de expresión, y que ahí radica la diferencia. Otra parte replica que eso es precisamente hacer política.
Con estos números, el Barça de Flick debería ser imparable. Y sin embargo, nadie se atreve a decir en voz alta que la Champions se gane en octubre. El equipo más divertido de los últimos años sigue sin un 'nueve', sigue sin cerrar los partidos y sigue dependiendo de que el PSG o el Galatasaray no le metan cuatro en una noche de abril.