El mito del retorno de Aznar: nostalgia o salida a la crisis
En plena crisis económica de 2008, cuando el desempleo escalaba y la burbuja inmobiliaria reventaba, resurgió una pregunta incómoda: ¿y si José María Aznar volviera? La propuesta no era baladí: entre los defensores, el argumento era que Aznar había sacado a España del hoyo en 1996, tras la crisis de los noventa, y podía repetirlo. Los críticos, sin embargo, le recordaban la guerra de Irak, la proliferación de ETT y la semilla de la especulación urbanística que luego floreció con Zapatero.
El legado económico de Aznar: ¿milagro o burbuja?
Los partidarios de la vuelta esgrimen los datos de su gestión: en 1996 el PP llegó al Gobierno con 156 diputados, necesitó pactos con nacionalistas (CiU, PNV, CC) y logró una legislatura de crecimiento que culminó con la mayoría absoluta del año 2000. «España era un país unido, fuerte, próspero, con acceso a vivienda y contratos indefinidos», se defiende. En el otro lado, se señala que ese crecimiento se basó en un modelo de ladrillo y crédito barato, y que Aznar liberalizó el suelo y creó la Agencia Nacional de Tasadores, alimentando la burbuja. «Nos sacó del hoyo para meternos en la megaburbuja», resumen.
El 11M y la sombra de la derrota electoral
Un punto de fricción recurrente es la interpretación de los atentados de 2004. Para algunos, el 11M fue el golpe que truncó la prosperidad aznarista: «Solo metiendo el palo del 11M en la rueda pudieron con la prosperidad española». La tesis conspirativa choca con quienes ven la guerra de Irak, decidida sin respaldo popular, como un error de cálculo que costó las elecciones a Aznar. La discusión sobre si la democracia española es capaz de diferenciar entre realidad y vísceras queda abierta.
El bipartidismo en el banquillo
Más allá de Aznar, emerge un tercer vector: la desilusión con el sistema bipartidista. «Tanto PP como PSOE son culpables de la mierda en la que estamos metidos», se repite. La crisis sistémica que estalló en 2008 no distingue colores. La propuesta de la vuelta de Aznar es vista por muchos como un brindis al sol, mientras que otros ironizan: «Que vuelva Franco, los sofás de escay…». La discusión, alimentada durante años, muestra que la nostalgia política es un fenómeno persistente, pero también que el análisis frío de los datos no siempre coincide con la mitología.
Debates relacionados en el foro