Condena a 74 latigazos por un concierto virtual: la cruzada iraní contra la música sin velo
Setenta y cuatro latigazos. Esa es la pena impuesta a una cantante iraní por atreverse a interpretar en un concierto virtual sin el obligatorio hiyab. La sentencia, que ha resonado en los medios internacionales, reabre el debate sobre la brutalidad del régimen de los ayatolás contra las mujeres y la libertad artística.
El caso es paradigmático: ni siquiera un escenario físico, sino una actuación en línea, ha bastado para que el sistema judicial iraní active su maquinaria represiva. La cantante, cuyo nombre no ha trascendido en las informaciones iniciales, fue condenada por "promover la corrupción" al mostrar el cabello en un país donde el velo femenino es obligatorio desde 1979.
Mientras en las redes y foros españoles se han vertido opiniones de todo tipo –desde la defensa de la soberanía cultural iraní hasta la equiparación con supuestas derivas occidentales–, el caso ilustra hasta dónde llega la moral religiosa impuesta por la fuerza. Las mujeres que se atreven a cantar sin velo, incluso desde su casa, se enfrentan a castigos corporales propios de otro siglo.
La pregunta que queda sobre la mesa es si este tipo de sentencias, lejos de amedrentar, están empujando a más mujeres a desafiar el código de vestimenta en la clandestinidad digital.