Israel acusa a España de la mayor limpieza étnica contra los judíos
¿Qué es exactamente una limpieza étnica y por qué Israel ha elegido a España para colgarle esa etiqueta? La acusación, recogida en el debate público, reabre una historia que muchos daban por archivada: el decreto de expulsión de los Reyes Católicos en 1492. Pero basta rascar un poco para que la categoría se desmorone: no hubo un plan sistemático de exterminio, sí hubo una orden de salida o conversión, y el contexto europeo estaba lleno de expulsiones similares.
1492 y el contexto europeo
El argumento más sólido contra el excepcionalismo español es la lista de expulsiones anteriores. Francia echó a los judíos en 1182, 1306, 1321, 1322 y 1394, y las colonias francesas los vetaron en 1685. Inglaterra lo hizo en 1290. Austria, en 1421; Parma, en 1488; Milán, en 1490; Lituania, en 1495. Portugal, un año después de España, en 1496. Es decir, la península ibérica fue un fenómeno tardío, no el origen de una práctica extendida.
Pese a ello, la memoria sefardí conserva un peso especial. La pregunta incómoda es por qué Israel no reclama a Francia o Inglaterra el mismo tratamiento que a España. Algunas lecturas apuntan a que la diferencia no está en la expulsión, sino en lo que vino después: en Sefarad, la convivencia se había prolongado siglos y la comunidad llegó a ser percibida como parte del paisaje, no como un cuerpo extraño.
Conversión y asimilación: la otra cara de 1492
El dato clave que suele perderse en el titular es numérico. Según las cifras manejadas en el debate, en aquella época el 80% de los judíos europeos vivían en España, y el 50% optó por la conversión al cristianismo. Eso significa que la mayor limpieza étnica de la historia, según la definición israelí, dejó en casa a la mitad de la población afectada, convertida y, con el tiempo, integrada.
Hay quien va más lejos: la conversión, no la expulsión, es lo que la comunidad judía no habría perdonado. Algunos rabinos citados en la discusión sostienen que la asimilación se considera peor que el Holocausto, porque diluye la identidad sin dejar mártires. España habría cometido, según esta tesis, un pecado más sutil: ofrecer una puerta de salida que muchos aceptaron, diluyendo así la comunidad. La Inquisición se encargó después de perseguir a los falsos conversos, con una violencia que algunos historiadores comparan con otros tribunales europeos, aunque sin el alcance de un exterminio sistemático.
Por qué ahora y por qué España
Ninguna lectura histórica explica del todo el momento elegido. El contexto político es evidente: el Gobierno español, con Pedro Sánchez a la cabeza, se ha posicionado abiertamente en contra de la ofensiva en Gaza y Netanyahu ha respondido con un giro que va más allá de la diplomacia. Traer a colación 1492 en plena guerra tiene un efecto claro: desplazar el foco del presente y reactivar una herida histórica que todavía escuece.
La ironía no se le escapa a nadie. La misma España que pide perdón por su pasado es la que hoy sostiene una posición crítica con Israel. Y el país que expulsó a los judíos en 1492 es también el que, siglos después, aprobó leyes para facilitar la nacionalidad a los sefardíes. La historia, vista con perspectiva, no cabe en una etiqueta de limpieza étnica.