Évole pide «puerta por puerta» contra Horizonte: el programa de Iker Jiménez bate récords
Jordi Évole, durante su intervención en el Festival de las Ideas y la Cultura de elDiario.es, lanzó un ataque directo contra Iker Jiménez y su programa «Horizonte». No se limitó a criticarlo: instó a los asistentes a hacer campaña casa por casa para que la audiencia abandone el espacio de Cuatro. «Si pueden un poquito hacer un puerta a puerta, entre sus conocidos, y decirles: oye, no, no os creáis todo», dijo el presentador de La Sexta, visiblemente molesto por el éxito del rival.
El contexto es claro: «Horizonte» acaba de registrar máximos de audiencia en Cuatro, superando a competidores directos como «El hormiguero» en su franja. Iker Jiménez, lejos de amedrentarse, agradeció a los detractores en directo: «Nos dan alas», y aseguró que «trabajan para nosotros». La bofetada en toda regla a la «intelectualidad» mediática que no digiere que un exinvestigador de ovnis lidere el debate político y social.
La envidia del «periodismo serio»
La reacción de Évole no es un hecho aislado. Detrás hay un sector del periodismo que ve cómo su relato pierde fuelle frente a un programa que trata corrupción política, casos judiciales y temas que los grandes medios prefieren esquivar. En el hilo se señala que «Horizonte» dedica tres horas a las corruptelas del PSOE y cinco minutos a la Kitchen, mientras que en TVE es al revés. La fórmula funciona: la audiencia busca información sin filtros, y Iker Jiménez se la da.
El propio Évole, que comenzó como «follonero» en Buenafuente, es acusado de haberse convertido en un «todólogo del régimen». La paradoja es que critica a quien hacía ufología precisamente desde un programa que también coqueteó con lo paranormal. Pero el dato clave es otro: mientras «Horizonte» sube, los espacios de «periodismo de calidad» pierden espectadores. Y eso duele.
Los «61 periodistas» y el ruido de fondo
Parte de la polémica gira en torno a la referencia a «los 61», una frase que se ha hecho viral. Según se explica en el debate, un investigado por corrupción afirmó que podía mover a 61 periodistas para «soltar mierda» a favor del Gobierno. Independientemente de su veracidad, el concepto ha calado: una parte de la opinión pública cree que existe una maquinaria mediática al servicio del poder, y que Iker Jiménez la combate.
Évole, al pedir el «puerta a puerta», solo ha reforzado esa percepción. Lo que él presenta como una llamada al pensamiento crítico (no creerse todo lo que dice Iker), sus críticos lo ven como un intento de censura social. La pregunta que flota es: ¿quién tiene miedo de que la gente vea «Horizonte»?
El cierre: la batalla por la audiencia no es solo de números. Es una lucha por el relato. Y mientras unos usan su influencia para desacreditar, otros cuentan con el boca a oreja –o el puerta a puerta involuntario– que genera el propio ataque. Iker Jiménez lo sabe: cada crítica es un anuncio gratuito.