Joven con destornillador clavado en el cráneo sobrevive milagrosamente
Un joven landesno ha llegado consciente a urgencias con un destornillador metido en el cráneo, según imágenes difundidas en redes. El caso, que recuerda a otros traumatismos penetrantes con objetos cotidianos, ha reabierto el debate sobre los límites de la resistencia humana y el coste sanitario de este tipo de accidentes.
El paciente fue atendido de urgencia y, aunque el pronóstico inicial era reservado, sobrevivió a la intervención. El objeto, según las primeras informaciones, no dañó zonas vitales del cerebro, lo que explica la conciencia mantenida. No es el primer caso de este tipo: hace semanas se viralizó el de un hombre con un machete atravesándole la cabeza de arriba abajo, que también llegó hablando.
Casos previos de objetos en el cráneo
La neurocirugía recoge numerosos ejemplos de traumatismos penetrantes con resultados sorprendentes. Desde clavos de 20 centímetros introducidos a martillazos hasta tijeras o cuchillos ingeridos, la casuística muestra que el cerebro puede tolerar lesiones que parecerían mortales. Un neurocirujano jubilado recordaba haber visto radiografías de tres clavos en un cráneo, todos autoinfligidos, sin lesión relevante.
El coste quirúrgico de estas intervenciones es elevado, y en el caso del machete requirió muchas horas de quirófano. Algunos señalan que la sanidad pública acaba asumiendo facturas ingentes para salvar a personas que, en ocasiones, vuelven a intentar conductas de riesgo.
Preguntas sin respuesta
Lo que queda en el aire es si el joven landesno quedará con secuelas neurológicas. En casos similares, los pacientes se recuperan sin grandes déficits, aunque el riesgo de infección o epilepsia postraumática es real. También queda la incógnita de cómo ocurrió el accidente: si fue agresión, intento autolítico o simple imprudencia.
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