Merck paga 50 millones por daños neurológicos de Gardasil
¿Puede una vacuna contra el virus del papiloma causar daños neurológicos graves? Esa es la pregunta que ha vuelto a la actualidad tras el acuerdo alcanzado por Merck para resolver más de 200 demandas. Laboratorios Merck ha aceptado pagar 50 millones de dólares para cerrar los litigios de pacientes que aseguran haber desarrollado trastornos autoinmunes tras recibir Gardasil, su vacuna contra el VPH. La cifra, en comparación con los ingresos anuales de la compañía, es un parche. Pero el fondo del asunto va más allá: las acusaciones apuntan a que los ensayos clínicos no fueron éticos, al exponer al grupo placebo al adyuvante de aluminio sin informarles.
El adyuvante de aluminio, bajo sospecha
El adyuvante de aluminio es un componente común en muchas vacunas. La pregunta que surge es si el utilizado por Merck es diferente al de otras. Algunos análisis sostienen que todos los adyuvantes de aluminio son iguales, mientras que otros señalan que la dosis y la formulación importan. Lo cierto es que la controversia sobre su seguridad no es nueva. En el caso de Gardasil, los demandantes alegan que el adyuvante causó daños neurológicos, pero la evidencia científica no es concluyente.
El debate sobre la transparencia en los ensayos
Más allá del caso concreto, el acuerdo reaviva el debate sobre la transparencia en los ensayos de vacunas y la relación entre la industria farmacéutica y las autoridades sanitarias. Mientras tanto, en España, miles de adolescentes ya han recibido Gardasil. La pregunta de si el riesgo es real o una exageración sigue abierta. Algunos apuntan a un aumento en los diagnósticos de autismo y TDAH en las últimas décadas, coincidiendo con la ampliación de los calendarios de vacunación, pero la correlación no implica causalidad.
El sistema funciona, dicen unos. El sistema funciona, pero a quién, se preguntan otros. Con 50 millones de dólares, Merck ha comprado silencio, pero no respuestas.