La clase media española se desvanece: ¿por qué algunos lo celebran?
¿De verdad queda algo de aquella España de los Rodríguez y Pérez con hipoteca, dos coches y vacaciones en Benidorm? Los datos —los que hay— apuntan a que el segmento medio de la población se ha ido reduciendo desde la crisis financiera de 2008. Pero el debate no es tanto si existe como si su desaparición es, como reza el titular, "afortunada".
Hay quien sostiene que la contracción de la clase media es la consecuencia lógica de una economía que ha polarizado la renta. Los salarios no han recuperado poder adquisitivo, la vivienda se ha encarecido y el colchón patrimonial de las familias se ha erosionado. La movilidad social descendente es un hecho.
En el lado opuesto, algunos argumentan que la desaparición del "clase media aspiracional" —ese grupo que se sentía seguro en su posición— es positiva porque pone en evidencia las grietas del sistema. La ironía no oculta la inquietud: si todos somos pobres, los ricos ya no tienen quién les mire.
La realidad, a falta de un censo de apellidos, es que la clase media sigue existiendo, pero más frágil, más endeudada y con menos certidumbres. Que alguien lo celebre es, quizá, el síntoma más preocupante.