Cristina Álvarez aterriza en la presidencia de El Corte Inglés con 650 millones bajo el brazo
¿Pueden 650 millones de euros devolver a El Corte Inglés al centro del escaparate? Cristina Álvarez acaba de ser ratificada como séptima presidenta del gigante de la distribución, relevando a su hermana Marta, que llevaba el timón desde 2019. La nueva presidenta, que también asume la presidencia de la Fundación Ramón Areces (primer accionista con el 40%), ha anunciado una inyección de 650 millones para el ejercicio que arranca el 1 de marzo, una pieza del plan estratégico que suma 3.000 millones en total. El objetivo oficial: remodelar tiendas, mejorar tecnología y logística, y expandir negocios.
El mismo plan, el mismo escepticismo
La inversión suena a dejà vu para muchos. Remodelar las tiendas —otra vez—, cuando ya se cambiaron alturas y distribuciones hace unos años, genera dudas. El intento de alcanzar a Amazon en logística y datos llega tarde, y la expansión de negocios suena a aventura sin rumbo claro (¿seguros para perros?). Mientras, en tiendas como la de Vigo, las remodelaciones han transformado supermercados amplios en algo parecido a un Carrefour Express, con la droguería antes que la comida y precios de café que superan los 4 euros. El cliente no lo ve claro.
La sombra del pasado y la herencia
Las hermanas Álvarez llegaron a la cúspide tras una batalla judicial que las reconoció como herederas universales de Isidoro Álvarez, quien las adoptó cuando ya eran adultas. El sobrino de Isidoro, presunto heredero inicial, quedó fuera. Este pasado truculento, aunque no afecta al plan de negocio, añade capas a una historia donde la confianza en la gestión familiar no es unánime.
Un futuro incierto entre la nostalgia y la innovación
La pregunta que sobrevuela es si 650 millones bastan para frenar la erosión de El Corte Inglés, atrapado entre el recuerdo de su esplendor y la necesidad de reinventarse. Las propuestas más creativas —como cobrar por probarse ropa o incluir Filmin en la cuota premium— chocan con una base de clientes que ve más luces de Navidad que cambios de fondo. La nueva presidenta tiene un reto mayúsculo: demostrar que esta vez no es solo repintar paredes. Porque si el plan es repetir la jugada de los 90, igual toca pegarse un paseo por el club del Gourmet y echar cuentas.