La economía del aura: la moda juvenil que cuesta 5-7 euros al día
¿Qué es eso de “farmear aura”? Quien haya visto a dos adolescentes midiéndose con poses hieráticas delante de un móvil ya tiene la respuesta: la última moda entre los chavales no es beber ni improvisar rimas, sino dirimir quién tiene más “aura” —léase, carisma o estatus— mediante gestos coreografiados. El fenómeno arrasa en TikTok y ya tiene versión presencial en plazas y centros comerciales. Ha jubilado, por lo visto, a las batallas de rap, al breakdance y hasta al alcohol.
La primera pregunta que asalta a cualquier padre es cuánto cuesta esto. La segunda, si merece la pena. Ambas tienen respuesta incómoda.
Qué es exactamente el “farmeo de aura”
La expresión combina el verbo gamer “farmear” (repetir acciones para acumular recursos) con el concepto de “aura” que en la jerga de redes define a quien desprende carisma. El duelo consiste en liquidar una secuencia de gestos —miradas, pasos, movimientos de manos— que el contrincante debe replicar o superar. No hay una habilidad evidente, como sí la exigían el breakdance o el rap: el mérito es puramente performativo, pensado para la cámara.
Hay quien lo define como “el pavoneo del luchador de la WWF pasado por TikTok con interfaz de RPG”. Y hay quien recuerda que 1988 y 2026 son la misma foto cambiando el decorado. La ironía forma parte del juego, pero también lo hace la competencia seria por puntos simbólicos: un traspié puede costar “800 puntos de aura”.
La factura energética del carisma
El coste económico es la parte menos irónica. Los participantes reconocen beber entre tres y cuatro latas de bebida energética al día, lo que a precio de supermercado supone entre 5 y 7 euros por persona y jornada. Al mes, la cuenta se dispara por encima de los 150 euros, una cifra que no todos los padres están dispuestos a financiar.
A eso se suman los complementos del atuendo —marcas deportivas, sudaderas de videojuegos, las inevitables Doritos y Fortnite— y, en algunos casos, refrescos como la Inca Kola, que se ha convertido en otro marcador de estatus. El “aura” no sale gratis: sale a cuenta de la tarjeta de crédito paterna.
¿Involución o relevo generacional?
Aquí el análisis se divide. Los más escépticos sostienen que, frente a los bailes de West Side Story o las batallas de gallos, esta moda no requiere ni agilidad ni ingenio. El hábitat del “aurero” es la silla gamer, y su mayor proeza, no caerse de ella. La conclusión para esa corriente es que asistimos a una involución cultural calculada.
En el lado contrario, hay quien ve un ritual de identidad masculina perfectamente normal, equiparable a los clubes de caballeros de otras épocas. Y no falta la mirada conspirativa: la decadencia como diseño, con poderosos interesados en embrutecer a los jóvenes para manejarlos mejor.
Un testigo del fenómeno describía estos días un centro comercial del Levante donde los chavales ya han dejado los móviles y empiezan a socializar entre mesas. Bendito sea el aire acondicionado. El “farmeo” se practica, de momento, en el mundo real.
La rentabilidad incierta del aura
El tiempo dirá si el aura se queda en el diccionario de las modas efímeras o si, como el breakdance, acaba dejando algo más que vídeos virales. De momento, la estampa de dos chavales midiéndose en gestos mientras apuran su segunda lata de Monster tiene algo de metáfora perfecta: carisma envasado, cafeína por litro y una cuenta de salud que nadie contabiliza.