La OTAN en coma: la alianza atlántica se rompe por dentro
Que la OTAN sobrevivió a la URSS no significa que sobreviva a sus propios miembros. El exembajador de Estados Unidos ante la Alianza, Ivo Daalder, lo dijo claro: la OTAN está quebrada. No disuelta, pero sí rota jurídica y operativamente. El sistema AVO (Acceso, Bases y Sobrevuelo) ha sido desmantelado de facto: España negó el sobrevuelo a aeronaves estadounidenses durante la guerra contra Irán, y Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha puesto precio a la defensa. Si no pagas, no juegas. El Artículo 5, ese compromiso de defensa mutua, es papel mojado.
El sistema AVO y la negativa española
La logística militar estadounidense depende del acceso a bases y sobrevuelos. España, al denegar el paso para operaciones contra Irán, rompió la cadena. No es un incidente aislado: refleja la fractura entre los intereses europeos y la estrategia global de Washington. La OTAN ya no es un cortijo común; cada uno mira por su cuenta.
El precio de la defensa y la disuasión nuclear
La administración Trump exigió a los miembros europeos que pagaran más, pero la crisis es más profunda. La guerra en Ucrania ha mostrado que Estados Unidos prioriza sus propios intereses: vender armas y debilitar a Europa económicamente. En paralelo, el debate nuclear ha resurgido. Israel cuenta con la opción Sansón —capacidad de represalia nuclear masiva— y Estados Unidos mantiene más de 5.000 cabezas nucleares en alerta. La disuasión ya no es estable; cualquier conflicto puede escalar.
¿Qué queda de la alianza?
La OTAN formalmente existe, pero la confianza se ha evaporado. Europa busca vías independientes, mientras Estados Unidos redefine su papel como gendarme global. La pregunta que nadie responde: ¿puede sobrevivir una alianza donde los socios se sabotean mutuamente? El horizonte es una Europa rearmada pero dividida, y una Estados Unidos que exige lealtad sin dar garantías.
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