La peor derrota de EE.UU.: ¿rehén de Israel o repliegue estratégico?
¿Qué está pasando realmente con Estados Unidos en la escena global? Mientras unos lo ven como un rehén de Israel, otros sostienen que el repliegue de Washington responde a un plan maestro de desestabilización. El debate se ha encendido tras los últimos movimientos en Oriente Próximo y las filtraciones sobre enfrentamientos entre el presidente estadounidense y el primer ministro israelí.
La tesis del rehén: EE.UU. acogotado por Israel
La narrativa que gana peso en ciertos círculos de análisis sostiene que Estados Unidos ya no actúa como soberano en su política exterior, sino como un gallo de pelea al que un socio menor –Israel– arrastra al conflicto. Se menciona incluso un presunto intercambio de insultos en privado entre el presidente estadounidense y el primer ministro israelí, seguido de un acatamiento público. La imagen es la de un imperio acogotado, incapaz de desmarcarse de las guerras que no le convienen. El estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial, se convierte así en un escenario donde la superpotencia parece no dominar, mientras Irán destruye sus bases en la zona. Pero para los defensores de esta tesis, eso son solo detalles que palidecen ante la idea de que EE.UU. está encadenado a un socio que lo dirige.
La teoría del caos controlado: ¿errores o plan maestro?
Sin embargo, otra corriente ve en los aparentes errores de Washington una coreografía deliberada. Según esta visión, Estados Unidos se está replegando a su continente, pero antes prende fuego a Europa y Asia para eliminar competidores futuros. Cada crisis –desde la guerra de Ucrania hasta la tensión en el Estrecho de Ormuz– sería un paso calculado de desestabilización. La pregunta incómoda: ¿caos o plan maestro? La idea es que EE.UU. no está perdiendo el control, sino que lo está redirigiendo hacia un nuevo orden mundial en el que su hegemonía se mantenga, aunque sea a costa de dejar cenizas a su paso.
El debate sobre el verdadero poder
La discusión se tensa cuando se pregunta quién maneja los hilos. Los más radicales apuntan directamente a la etnia de las mayores fortunas estadounidenses, mientras otros recuerdan que la política imperial angloamericana viene de mucho antes que el Estado de Israel. Sea como fuere, el consenso es que el declive relativo de EE.UU. es real, y que su forma de gestionarlo puede ser más peligrosa de lo que parece. Mientras unos ven un títere y otros un pirómano, Washington sigue disparando misiles en Oriente Próximo y enviando armas a Ucrania. Quizá lo más inquietante es que ambas lecturas –la de la debilidad y la de la astucia– no sean excluyentes. O peor aún: que el imperio ya ni siquiera sepa si está huyendo o bailando.
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