La Save Europe Act: la cruzada 'patriótica' que nadie se cree
Se presenta como la primera iniciativa ciudadana europea de carácter patriótico. Detrás, un millón de firmas para que Bruselas legisle contra la inmigración de sustitución. Pero a las pocas horas de su difusión, el escepticismo ha enterrado cualquier ilusión: pocos ven un impulso real y muchos, una operación de dudosa procedencia.
El texto, conocido como Save Europe Act, pide a la élite política que proteja las fronteras y defienda la identidad etnocultural de las naciones europeas. Su artículo 3 es el más contundente: propone el retorno sistemático y acelerado (remigración) de los migrantes irregulares, los solicitantes de asilo rechazados y las personas con antecedentes o que supongan una amenaza para el orden público, todo con cooperación reforzada con terceros países para su readmisión.
Las suspicacias no vienen solo de quienes defienden una Europa abierta. El propio término 'remigración' ha sido señalado como un neologismo de moda en ciertos entornos prorrusos y euroasiáticos. Para una parte de los observadores, la campaña parece un montaje destinado a desacreditar cualquier intento serio de reformar la política migratoria europea. Otros se limitan a recordar que 'europea' y 'patriótica' son conceptos difíciles de conjugar en la misma frase.
A esto se suma la realidad procedimental: una iniciativa ciudadana europea no obliga a la Comisión a cambiar la ley. Solo la obliga a escuchar y a emitir una respuesta. El millón de firmas, una cifra exigente, tiene más valor simbólico que poder real. De ahí que algunos comentaristas se pregunten si no estamos ante un ejercicio de agitación inútil.
Si la campaña logrará sus firmas es una incógnita. Si Bruselas hará algo con ellas, es casi un chiste. Lo único seguro es que el debate ha quedado servido, y que ninguna de las partes confía en esta impulsora. Con tal desconfianza, la Save Europe Act tiene todas las papeletas para quedar en papel mojado.