Zelenski resiste con un 54% de confianza pese a los ataques de Trump
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, afronta uno de sus momentos más delicados desde febrero de 2022. La última
encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS), realizada entre el 21 de agosto y el 10 de septiembre, sitúa la confianza en el mandatario en un
54%, con un
41% que desconfía. Son dos puntos por encima del mínimo de la guerra, el
52% de diciembre de 2024, y muy lejos del
90% que alcanzó en la primavera de 2022, cuando decidió quedarse en Kiev mientras los tanques rusos avanzaban hacia la capital.
La paradoja es que cada embestida exterior parece devolverle aire. Donald Trump ha vuelto a insistir en que Zelenski debe ser sustituido, y en Ucrania eso se traduce en apoyo. «Nadie aquí va a apoyar a Trump y su idea de cambiar a Zelenski», resume una traductora citada en el material. La ley marcial impide celebrar elecciones en tiempo de guerra, algo que la mayoría entiende: es imposible votar bajo las bombas y con millones de ciudadanos refugiados o desplazados.
El desgaste de un presidente que ganó con el 73%
Zelenski ganó sus elecciones con un
73% del apoyo sobre Petro Poroshenko. La invasión rusa cambió su perfil: dejó el traje y la corbata en el guardarropa para vestir el verde militar. Su popularidad ha sido una montaña rusa: cayó durante todo 2024 por el cansancio de la guerra y los reveses en el frente, repuntó hasta el
74% en mayo de 2025 tras su choque con Trump en la Casa Blanca y luego volvió a bajar por dos cuestiones espinosas: los casos de corrupción en su círculo más cercano y el despido el pasado verano de su carismático ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, considerado por muchos como el gran mago tecnológico de la guerra de drones.
Si algo se le echa en cara es su intransigencia con los rivales políticos. Al general Valery Zaluzhny, jefe del Ejército en los primeros compases de la invasión, lo empaquetó como embajador del Reino Unido para quitárselo de en medio. Al alcalde de Kiev, el ex boxeador Vitali Klichkó, ni le habla. A Petro Poroshenko lo tiene sancionado, mientras que a Fedorov lo echó cuando percibió que podría ser un rival político en el futuro.
Por qué Trump quiere cambiar a Zelenski
La desconfianza de Trump hacia Zelenski hunde sus raíces en el verano de 2019, cuando el recién elegido presidente ucraniano apenas llevaba dos meses en el cargo. En una llamada telefónica el 25 de julio, Trump le pidió que investigara a Joe Biden y a su hijo Hunter (consejero de la gasística ucraniana Burisma) mientras la Casa Blanca retenía cerca de
400 millones de dólares en ayuda militar destinada a Kiev. Zelenski respondió con evasivas y nunca llegó a anunciar la investigación: el escándalo estalló antes, la ayuda se desbloqueó y aquel episodio desembocó en el primer impeachment contra Trump, que siempre defendió que la conversación había sido «perfecta».
El recelo venía de antes (su campaña de 2016 culpó a Kiev de la caída de su jefe de campaña, Paul Manafort, tras salir a la luz pagos opacos del partido prorruso de Víktor Yanukóvich) y se agravó en septiembre de 2024, cuando Zelenski visitó una fábrica de munición en Pensilvania junto a un gobernador demócrata en plena campaña electoral. A ello se suma una visión de fondo: Trump considera la ayuda a Ucrania un gasto sin retorno y ve en Zelenski el principal obstáculo para un acuerdo rápido con Vladimir Putin. Todo ello estalló en febrero de 2025 cuando trató de humillarlo ante las cámaras en el Despacho Oval.
Qué pasaría si Zelenski se fuera
El cálculo más optimista para Moscú asume que sin Zelenski habría un acuerdo rápido. El escenario que manejan los analistas ucranianos es el contrario: si Zelenski se fuera, el próximo en llegar sería mucho más duro que él en sus concesiones a los rusos. Según la última encuesta interna del KIIS, el
62% de los ucranianos están preparados para soportar la guerra el tiempo que sea necesario. Además, el
79% de los encuestados cree que Ucrania derrotará finalmente a Rusia.
En el terreno internacional, las propuestas no cesan. J.D. Vance ha amenazado a Putin con sanciones y acciones militares para que acepte el fin de la guerra. Trump estudia un plan de paz que incluiría tropas británicas patrullando una zona tampón de
800 millas, con la línea del frente congelada y Ucrania aparcando su ambición de entrar en la OTAN durante
20 años. «Podemos hacer entrenamiento y otro tipo de apoyo, pero el cañón del arma va a ser europeo», resume un miembro del equipo de Trump.
El reclutamiento y la amenaza de deportación
En el plano interno, la guerra sigue cobrándose su precio. En el debate público circulan versiones sobre una posible deportación de
200.000 ucranianos para que Zelenski los reclute, y sobre que todos tendrían que ir a la guerra sin definir edad. También circula la horquilla de los 18 a los 90 años para morir en Irán o enfrentar pena de muerte si se niegan. Son cifras que circulan en el debate público y que reflejan la crudeza del momento.
Mientras tanto, la corrupción sigue siendo un lastre. Los casos en su círculo más cercano y el despido de Fedorov han erosionado la imagen de un presidente que llegó al poder prometiendo romper con el pasado. La pregunta que queda en el aire es si el desgaste continuará o si, como ha ocurrido otras veces, una nueva embestida exterior volverá a reforzarlo.