El litoral barcelonés parece tercermundista por los mosquitos
Las playas del sur de Barcelona viven este verano una plaga de mosquitos que ha hecho correr la expresión “tercermundista”. En Castelldefels, la localidad que se promociona como el Miami de Barcelona, basta un paseo por la arena para volver con piernas y tobillos llenos de picaduras. Quienes comparan con las playas del norte no salen de su asombro: allí nadie se acuerda del repelente.
El diagnóstico: agua estancada
El diagnóstico técnico no tiene misterio: agua estancada. Las acumulaciones en cunetas, imbornales y zonas húmedas del litoral convierten el entorno en un criadero. Es la misma causa de siempre, y no parece que las administraciones hayan tomado nota. “El agua estancada”, resumen los técnicos, aunque la gestión municipal no acaba de atajar el foco.
Un litoral con dos velocidades
Lo curioso del episodio es que el “Miami de Barcelona” muestra así una brecha incómoda. Un litoral de alto valor inmobiliario tolera lo que no se tolera en otras zonas del país, y la comparación con las playas del norte se convierte en un termómetro de la gestión.
La anécdota la pone quien aseguraba preferir los mosquitos de la infancia a los fumadores que ahora infestan las piscinas fluviales. Contra las picaduras hay repelente; contra el humo, no.
Con el agua estancada sin tratar, la próxima ola de calor traerá más mosquitos y más quejas. A menos que los ayuntamientos actúen, el Miami de Warcelona seguirá pareciendo una selva. Aunque quizá, con el turismo apretando, la vergüenza acabe con la dejadez.