Ayuno: la vieja receta que divide a médicos y foreros
¿De verdad sirve para algo dejar de comer durante días? La pregunta recorre una discusión que arranca con una conferencia colgada en un foro y que, mensaje a mensaje, se convierte en un pulso entre quienes ven en el ayuno una herramienta de salud con siglos de respaldo y quienes lo consideran una moda sin base científica. El material de partida es un vídeo de casi hora y media,
una hora y veinte minutos de conferencia, que defiende el ayuno como práctica central de todas las tradiciones religiosas y como método para depurar el organismo. A partir de ahí, el asunto se ramifica: entran los beneficios metabólicos, las experiencias personales, los supuestos gurús de dudosa credibilidad y hasta los aparatos electrónicos que, supuestamente, matan parásitos con frecuencias.
Qué dice la conferencia que abre el asunto
El punto de partida es un vídeo que se presenta como una conferencia sobre los beneficios del ayuno. Quien lo comparte lo describe como
altamente instructivo y destaca tres ideas: la relación entre el compromiso energético del cerebro y el estómago, la idea de que todas las religiones y los maestros de la humanidad han prescrito el ayuno, y una reflexión sobre la consciencia y sensibilidad de los marginados. El visionado se hace en paralelo a otras tareas, porque el formato lo permite.
El primer reproche llega pronto: el conferenciante no habla del desayuno. Para quien sigue el vídeo, ese es un punto crucial, porque la reintroducción de alimentos tras el ayuno determina el resultado. La queja no es menor:
el desayuno es la comida que rompe el ayuno y nadie explica cómo hacerlo.
Los que ayunan y lo cuentan en primera persona
La experiencia más detallada la aporta un participante de 36 años, delgado, atlético, que practica atletismo y natación con rutinas exigentes. Hizo un ayuno sin preparación previa, guiándose por un par de artículos, con el objetivo de eliminar toxinas de un pasado de tabaco y alcohol abandonado hacía seis y doce años respectivamente. Llevaba un año como vegetariano. Su testimonio, con dudas incluidas sobre cómo reintroducir alimentos, es el más completo del material.
Otra experiencia, más breve, llega desde Alemania: una conocida hace un ayuno de
15 días cada año, se coge vacaciones para ello, se somete a un chequeo médico previo y obtiene el visto bueno del facultativo. Los resultados que describe son notables: más vitalidad, pelo y piel en mejor estado. El detalle del chequeo previo marca una diferencia importante frente a quienes ayunan por su cuenta.
El frente escéptico: sin evidencia no hay paraíso
La oposición se articula en varios frentes. El primero es la falta de evidencia científica: se pregunta abiertamente quiénes son esos maestros de la humanidad y dónde están los estudios. El segundo es la compatibilidad con el trabajo físico:
¿cómo se le explica a alguien que cava zanjas en agosto que no coma hasta la tarde? El tercero es la masa muscular: se duda de que un ayuno prolongado sea compatible con mantener un mínimo aceptable.
También hay quien recuerda que la generación de la posguerra pasó hambre y necesidades y, en muchos casos, fue muy longeva. La paradoja se usa en ambas direcciones: unos la leen como prueba de que la restricción alarga la vida; otros, como simple coincidencia sin relación causal.
El negocio del ayuno: gurús, cursos y aparatos
El asunto deriva hacia el mercado que se ha montado alrededor. Se menciona a un supuesto gurú que dice absorber del aire el agua que necesita, que se niega a ser controlado en un centro durante dos semanas y que cobra
900 euros por unos días de enseñanzas en los que él apenas aparece un par de horas. La conclusión del que lo cuenta es tajante: un cantamañanas.
En paralelo aparece el mundo de los zappers, aparatos de frecuencias basados en las teorías de Hulda Clark. Hay quien se lo fabricó por
0 euros con componentes y una tarjeta de sonido, y quien se durmió con él puesto y se despertó con una sensación muy desagradable. El protocolo habitual son ciclos de 7 minutos con pausas de 15, y la recomendación es no dejarlo toda la noche porque las palmas de manos y pies conducen mejor y el riesgo aumenta.
Dietas extremas y el problema de los dos extremos
El hilo también discute dietas de transición que desembocan en alimentación frugívora y cruda. Se atribuye a un divulgador la afirmación de que el almidón no se digiere, que los frutos secos tampoco se asimilan y que el aguacate es veneno. Sobre los frutos secos, la observación es empírica: si no se mastican bien, salen enteros en las heces. Sobre el aguacate, se apunta que es tóxico para la mayoría de animales salvo el ser humano, que tendría una enzima para neutralizar la toxina.
La postura más equilibrada del material llega al final: ingerir azúcares, harinas refinadas y ultraprocesados hasta la extenuación es tan extremo como el ayuno prolongado, y ambas cosas se pagan en salud. La conclusión es que el problema no es el ayuno en sí, sino convertir cualquier práctica en una religión.
Al final, la discusión deja una imagen curiosa: gente que lleva años sin probar bocado durante días y asegura sentirse mejor que nunca, junto a gente que no ha ayunado en su vida y está convencida de que es una locura. Los datos siguen sin aparecer. Las convicciones, en cambio, van sobradas.