El augurio que no se cumplió: nieve en cotas bajas y el negocio del esquí
En 2011, un artículo anunciaba que los científicos pronosticaban que para 2018 no habría nieve por debajo de los 2.000 metros en España. La noticia, atribuida a informes del IPCC y estudios de cambio climático, desató un intenso debate sobre la viabilidad de las estaciones de esquí a media altitud. Pero la realidad meteorológica de los años siguientes —con nevadas copiosas en cotas bajas, carreteras cortadas por la nieve en León en pleno invierno de 2018 y heladas en Sevilla— puso en entredicho la predicción y reabrió la discusión sobre la credibilidad de los modelos climáticos y su impacto en la economía turística de montaña.
El titular que nunca fue literal
El origen del bulo, como se demostró después, fue una interpretación distorsionada. El artículo original, basado en el Congreso Mundial de Turismo de Nieve, no afirmaba que no fuera a nevar nunca por debajo de 2.000 metros, sino que las estaciones de esquí situadas por debajo de esa cota no serían rentables económicamente a medio plazo por el calentamiento global. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León utilizó este argumento para paralizar la construcción de la estación de San Glorio, en León. Sin embargo, la polémica quedó instalada: muchos entendieron la predicción como una sentencia absoluta sobre la desaparición de la nieve en las zonas medias.
El contraste con la realidad
Los inviernos posteriores no tardaron en desmentir la profecía. En 2018, nueve carreteras estaban cortadas en León por la nieve, la ciudad se cubrió de blanco y en los Pirineos las estaciones registraban espesores récord. En la Cordillera Cantábrica, las estaciones por debajo de los 2.000 metros mantuvieron actividad, aunque con temporadas cada vez más irregulares. El problema no era la ausencia de nieve, sino su imprevisibilidad: un frente atlántico podía dejar dos metros de nieve y, al día siguiente, la lluvia arrasaba con todo. Este patrón, conocido en las zonas atlánticas, siempre ha existido, pero la variabilidad extrema se ha intensificado.
El coste económico de los pronósticos fallidos
El impacto económico de estas predicciones va más allá de la polémica mediática. Las estaciones de esquí de baja cota, muchas de ellas en la Cordillera Cantábrica, han visto cómo las inversiones se frenan y las aseguradoras exigen primas más altas ante la incertidumbre climática. La sentencia sobre San Glorio, aunque basada en criterios ambientales, supuso un golpe para los promotores y para las expectativas de desarrollo rural en una zona deprimida. Mientras tanto, la demanda de nieve artificial crece, pero con costes energéticos y hídricos cada vez más cuestionados. El negocio del esquí se enfrenta a una paradoja: hay nieve, pero no se puede planificar a largo plazo.
¿Crisis de credibilidad científica?
El episodio ha alimentado el escepticismo hacia las proyecciones climáticas. La repetición de predicciones apocalípticas fallidas —desde la capa de ozono en los 70 hasta el fin del petróleo en 2000— ha creado una corriente de opinión que rechaza de plano cualquier advertencia ambiental. Sin embargo, los defensores del consenso científico señalan que el error no estuvo en la ciencia, sino en la comunicación: se simplificó un mensaje complejo sobre rentabilidad a largo plazo, y se presentó como un hecho categórico a corto plazo. La realidad es que la nieve por debajo de 2.000 metros sigue cayendo, pero la tendencia a medio siglo es de reducción de días de nieve y de acumulaciones menos fiables.
El cierre
Lo que queda de esta controversia es una lección para inversores y gestores: las predicciones climáticas deben tomarse como horizonte de riesgo, no como certeza cronológica. Mientras tanto, las estaciones de esquí de baja cota sobreviven temporada a temporada, entre un invierno que a veces regala nevadas históricas y un verano que se alarga. La planificación económica, en este contexto, se parece más a un juego de azar que a un cálculo de ingeniería.
Los datos completos sobre la evolución de masas de nieve en el hemisferio norte, el ciclo solar y las estimaciones de la NOAA que circularon en el debate original ofrecen un contexto más amplio sobre la variabilidad climática, más allá del titular simplista.