Récord de ahogamientos: los socorristas piden más autoridad y menos móviles
El verano de 2025 está siendo el más letal en las costas españolas. Los datos hablan solos: 92 muertes por ahogamiento no intencional en junio, y 217 en el primer semestre, según el último informe de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS). La entidad reclama ampliar la vigilancia hasta septiembre, reforzar el papel de los socorristas y extremar la prevención. Pero la pregunta incómoda es si el problema es de recursos o de actitud.
Los números del desastre
La RFESS ha documentado un inicio de temporada histórico en número de fallecidos. Aunque no ofrece un perfil detallado de las víctimas, los datos indican que el aumento se concentra en zonas no vigiladas y entre bañistas que ignoran las banderas rojas. "Hay dos factores que explican este aumento: las olas de calor llegan cada vez antes, incluso en el norte, y eso hace que la gente acuda antes a playas, ríos o piscinas", señala el informe. Sin embargo, las altas temperaturas no explican la imprudencia.
El factor humano: bañistas que no saben nadar y banderas ignoradas
Una corriente recurrente en el análisis apunta a la falta de habilidades básicas de natación entre ciertos colectivos, especialmente personas procedentes de regiones sin tradición acuática. A esto se suma el consumo de alcohol, la sobreestimación de las propias capacidades y el desprecio por las normas de seguridad. "La gente se ha vuelto imbécil y carece de sentido común", resume una opinión extendida, que añade que cada vez más personas "no saben nadar y se meten en el mar igual". La saturación de las playas y el envejecimiento de la población también juegan un papel relevante: los mayores sufren desmayos o carecen de fuerza física para mantenerse a flote.
La paradoja del socorrista: entre el móvil y el exceso de burocracia
Mientras la RFESS pide más recursos, crece la controversia sobre la actuación de los propios socorristas. Hay quien denuncia que "todos los socorristas miran los teléfonos" durante el servicio, aunque una observación concreta no equivale a una tendencia general. Otro debate recurrente es el abuso de la bandera roja: algunos ayuntamientos la izan por "cualquier gilipollez", según los críticos, para eludir responsabilidades, lo que lleva a los bañistas a ignorarla. La burocracia también asoma la cabeza: se ha documentado el caso de un socorrista multado por salvar a una mujer sin seguir el protocolo de llamar antes al 112. "Deberás elegir: ahogarte o morir linchado", resume la situación de quien debe decidir entre actuar o cumplir el reglamento.
Con estos mimbres, la solución no pasa solo por poner más vigilantes. Mientras la población no asuma su parte de responsabilidad —respetar las banderas, evitar el alcohol, aprender a nadar— y los protocolos sigan priorizando la burocracia sobre la eficacia, las cifras de ahogamientos seguirán batiendo récords. Los ayuntamientos, mientras tanto, encontrarán más fácil poner bandera roja permanente que educar a los ciudadanos.