Ceuta y Melilla: el anacronismo que España no puede sostener
Ceuta y Melilla son un anacronismo insostenible. O al menos eso sostiene una corriente de análisis que ha puesto el dedo en la llaga en 2026: mientras España pide coherencia por Gibraltar, mantiene dos plazas en territorio africano con un coste económico, político y humano que muchos consideran inasumible. La salida, según este planteamiento, pasa por la cosoberanía temporal con Marruecos como antesala de un cambio legislativo.
El coste de la incoherencia colonial
El núcleo del problema es la contradicción: España clama contra el colonialismo en las instituciones internacionales mientras sostiene ese estatus en el norte de África. Pedir la devolución de Gibraltar y no revisar el de Ceuta y Melilla resulta, para esta lectura, indefendible. Los informes que preparan los aliados europeos avanzarían en esa dirección, y la tesis es que acabarán imponiéndose a los poderes del Estado.
El contraataque geopolítico
La contestación no es menor: el control de los estrechos marítimos es el mayor activo estratégico español. Con las guerras de Oriente Medio y el Sudeste Asiático disputándose el dominio de las rutas navales, quien controle el paso del Estrecho tiene la llave. Y hay quien recuerda que Ceuta y Melilla son españolas desde mucho antes de que existiera Marruecos como Estado, y que la analogía con la caída de Constantinopla no hace sino confirmar que la historia no se invierte.
El choque entre rentabilidad estratégica y coherencia histórica queda, al menos de momento, en tablas. Con los informes europeos en el horizonte y la presión marroquí constante, la predicción más prudente es que la cuestión no se cerrará pronto, sino que se enquistará hasta que algún dato nuevo desequilibre la balanza. España seguirá pagando el precio, literalmente, de una contradicción sin precio.