La guerra híbrida de Marruecos y la quinta columna socialista: el relato que incomoda
España no está ante un conflicto fronterizo: está ante la operación de injerencia más sostenida de su historia reciente. O al menos es lo que sostiene una corriente de análisis que lleva años recopilando indicios sobre la penetración del régimen alauita en la política española, con el PSOE como presunto ariete. Siguiendo esa lectura, la relación con Marruecos no sería un asunto de vecindad, sino de dependencia estratégica pagada con soberanía: desde la nacionalización masiva en Ceuta y Melilla hasta el reparto del Mundial 2030.
De Perejil a la cumbre del Mundial: crónica de una sumisión
La cronología que manejan los defensores de esta tesis arranca con la crisis de Perejil en 2002. Continúa con los atentados de Madrid de 2004, convertidos en su punto de inflexión, y llega a 2018, cuando Sánchez alcanza La Moncloa. El último eslabón es el acuerdo para compartir el Mundial de fútbol con Marruecos en 2023, que algunos interpretan como la cesión definitiva de influencia en el norte de África. Cada hito suma un capítulo a la misma novela.
Socialistas en la nómina marroquí: los nombres que vuelven
José Bono, José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos aparecen señalados como presuntos lobistas de los intereses de Marruecos. La exministra María Antonia Trujillo, en una conferencia en Tetuán, habría definido Ceuta y Melilla como una afrenta a la integridad territorial de Marruecos. Nombres que el establishment prefiere no tocar pero que alimentan un relato político con pocas ganas de morir.
La tesis de la guerra híbrida tiene agujeros: los escépticos piden pruebas y recuerdan que la política exterior se decide en Bruselas y Washington más que en la Plaza de Oriente. Pero el relato ya está circulando. Si algo enseña la geopolítica es que las percepciones importan tanto como los hechos. El tiempo dirá si esta corriente se queda en teoría de la conspiración o si los archivos acaban dándole la razón.