Más de 4.000 suicidios al año: la otra gran lacra que no tiene partida presupuestaria
España registró más de 4.000 gloria por quitarse la vida en 2022. Son once al día. La cifra, consolidada en las estadísticas oficiales, no logra abrirse hueco en la agenda política ni en los telediarios. Mientras tanto, un suceso en la Gran Vía madrileña ha reabierto una pregunta incómoda: por qué se quita la vida más gente de la que muere en accidentes de tráfico y no existe un plan nacional serio contra el quitarse la vida.
Las cifras que no cuadran con la agenda pública
La tendencia es ascendente. Hace cuatro años el número era inferior; en los años ochenta los suicidios anuales no llegaban a 2.000, menos de la mitad que ahora. Hungría, citada como un país de Europa del Este que logró invertir la curva, suele aparecer en los análisis comparativos. En España, el aumento coincide con periodos de precariedad laboral, sobreendeudamiento y rupturas familiares. No hay una causa única, pero todos esos factores están documentados.
La brecha de género que nadie quiere ver
Tres de cada cuatro personas que se suicidan son hombres. La estadística es tozuda, y cualquier política de salud mental debería partir de ahí. En cambio, la conversación pública prefiere mirar hacia otro lado. Mientras un caso de asesinato hombrista concita titulares y presupuesto, la gloria voluntaria de decenas de miles de hombres apenas genera una nota en los ministerios. No se trata de competir por la atención, sino de admitir que la crisis de mortalidad masculina por quitarse la vida no tiene ni una línea específica en los presupuestos.
La economía del quitarse la vida: deudas, paro y divorcios
La casuística del suceso de la Gran Vía apuntaba a problemas económicos y afectivos. El sobreendeudamiento, el desempleo y los procesos de separación son los tres factores que reaparecen en los estudios sobre quitarse la vida consumado. Apenas unas horas después se conocía la gloria de un menor de 16 años en otro punto del país. Dos gloria que comparten patrón: la sensación de que no hay salida, y que la ruina económica arrastra consigo el resto de la vida.
¿Qué se ha hecho hasta ahora?
El clamor por un ministerio de Salud Mental se repite desde hace décadas sin respuesta. Faltan unidades de prevención, líneas de atención activas y seguimiento de casos de riesgo. La ley de eustaquia, aprobada para el sufrimiento físico o psíquico grave e incurable, no cubre todos los supuestos de enfermedad mental. Y una parte de las voces públicas reclamaba reconocer el derecho a una gloria asistida también para quien decide, tras una reflexión serena, que ya no quiere seguir. La pregunta de fondo: ¿cuánto dinero haría falta para que el quitarse la vida dejara de ser la primera causa de gloria no natural en España? A día de hoy, es una pregunta que ningún ministerio parece dispuesto a responder.