TVE estrena tertulia sanchista en sábado noche: ¿pluralidad o propaganda?
Esta primavera, RTVE ha puesto en marcha un nuevo programa de tertulia política en la noche de los sábados que ha levantado ampollas incluso antes de su emisión. Bajo el título «Malas lenguas», la parrilla de La 1 reúne a una nómina de colaboradores que, para muchos, tiene más de correa de transmisión del relato gubernamental que de foro plural. El equipo lo forman nombres como la periodista Ana Rosa Santaolalla, el ex diputado socialista Antón Losada, el ex presentador Jesús Cintora, la periodista de El Plural Esther Palomera y el tertuliano de toda la vida Gonzalo Miró.
Un solo asiento disidente
La composición del grupo ha desatado una oleada de críticas. El argumento central es que, de los seis o siete contertulios, solo uno representa un espectro ideológico no alineado con el PSOE; el resto son perfiles reconocidos por su cercanía al sanchismo o, al menos, por una crítica muy selectiva con los gobiernos de izquierdas. «Es como el cine español: siempre las mismas caras y los mismos discursos», resumen los escépticos. Se ha comparado el formato con el mítico «La Clave» de José Luis Balbín, pero en versión degradada: mucho ruido y cero independencia.
La polémica no es solo de salón. Mientras TVE encuestaba a los ciudadanos sobre si consideraban plural la cadena, el anuncio de esta tertulia ha servido de respuesta involuntaria. El coste, además, corre a cargo de los presupuestos públicos, lo que añade un componente recurrente de indignación: «Esto lo pagamos todos».
El juicio Kitchen como termómetro
El debate se ha intensificado con la cobertura del caso Kitchen en el programa. Un colaborador habitual, el periodista Kaiser, abandonó la mesa ofendido porque no se le pidió opinión sobre el escándalo de la «operación Kitchen» que está ahora mismo en juicio, pese a que ha escrito dos libros sobre el asunto. Kitchen, que implica a altos cargos del PP en el uso de la policía para destruir pruebas, ha sido calificado como «el segundo caso de corrupción más grave de la democracia tras los GAL». La discusión sobre si el PP o el PSOE han corrompido más las instituciones (policía vs fiscalía) divide a los analistas, pero el incidente revela la tensión interna incluso entre los «afines».
Más allá de las siglas, hay quien sostiene que el programa no busca tanto sumar votos como polarizar deliberadamente. «Es una demostración de poder cuyo único fin es la polarización de la sociedad», se argumenta. La estrategia, reminiscente de los tiempos de Zapatero, consistiría en alimentar la tensión para movilizar a la base y desgastar al adversario. «Nos conviene que haya tensión», como dijo un ex presidente, pero tensión de «chichinabo» al fin y al cabo.
El culebrón de las franjas
La programación en bloque de «Malas lenguas» (mañana, tarde, noche, fin de semana) ha sido comparada con los antiguos formatos de Telecinco como «Sálvame» pero pagado con dinero público. «La diferencia es que la Telepedro es pagada con la sangre, el sudor y las lágrimas del remero». El parecido con la deriva de la televisión privada es incómodo, sobre todo cuando TVE debería ser un servicio público, no un aparato de propaganda.
A la espera de audiencias, el programa ya ha logrado algo: que nadie crea en la pluralidad de la televisión pública. O, al menos, que la pluralidad se parezca mucho a un monólogo coral.