Ceuta y el complejo de Estado fallido
¿Es España un Estado fallido? La pregunta suena a exageración, pero ha ganado tracción en el debate público tras la crisis en la frontera de Ceuta. Quienes sostienen el término no hablan de un colapso institucional, sino de una pérdida real de control en asuntos que afectan a la soberanía.
La comparación con el 11M aparece una y otra vez. Si entonces el CNI falló estrepitosamente, ahora se repite la sensación de que el Estado reacciona tarde y mal ante amenazas previsibles. El sarcasmo hace el resto: algunos prefieren cambiar el adjetivo por una expresión más soez, pero la conclusión es idéntica.
También hay quien considera que aplicar la etiqueta de Estado fallido a una democracia consolidada es una hipérbole interesada. Las crisis fronterizas, por graves que sean, no equivalen a un colapso de las instituciones.
En el debate, como no podía ser de otra manera, se cuela hasta el fútbol: no falta quien recuerda el papelón de Argentina en el Mundial para redondear la faena. Con ese nivel de argumentación, el panorama está servido. Y lo único que parece fallar de forma crónica es la capacidad de sorprenderse.