El precio del sexo de pago sube un 50% en una década
La discusión sobre una trabajadora sexual concreta ha destapado un dato que incomoda: 60 euros por media hora, cuando hace diez años la misma tarifa rondaba los 40. El aumento del 50% no es casualidad; es la inflación aplicada a un sector que, en teoría, debería ser inmune a las crisis. Pero no lo es.
La inflación también golpea al mercado sexual
El sector del sexo de pago no escapa a la subida generalizada de precios. La tarifa de 60 euros por media hora se ha convertido en el nuevo estándar, y los clientes lo notan. El argumento de que la inflación explica este incremento es el más repetido, y no le falta razón: el coste de la vida ha subido, y los servicios personales no son una excepción. Lo que antes costaba 40, ahora cuesta 60. La diferencia es un 50% más, exactamente lo que ha subido el IPC acumulado en la última década en muchas partidas.
El cambio demográfico en el sector
Otro dato que emerge del debate es la transformación del perfil de las trabajadoras. Hace años, el sector estaba dominado por mujeres del este de Europa, con un perfil que los clientes describían como más atractivo. Ahora, según se argumenta, la mayoría procede de América Latina. Este cambio no es solo estético; refleja las nuevas rutas migratorias y la reorganización del mercado laboral informal. No es un juicio de valor, sino una observación sobre cómo la economía sumergida sigue las mismas dinámicas que la legal.
El precio como reflejo de la demanda
La pregunta de quién paga a quién también planea sobre el debate. La relación entre cliente y trabajadora es, en el fondo, una transacción económica. Si el precio sube, es porque la demanda sigue ahí, o porque la oferta se ha reducido. En cualquier caso, el mercado se autorregula. La ironía es que, mientras la economía formal se queja de la inflación, este sector la asume sin protestar. Los precios suben, y los clientes pagan. La ley de la oferta y la demanda no entiende de moralinas.
El aumento del 50% en una década no es un escándalo, es un dato. El sector del sexo de pago sigue siendo un reflejo de la economía real, con sus subidas y bajadas. La pregunta de si uno se acostaría con esta o aquella trabajadora es, en el fondo, una pregunta sobre el precio que uno está dispuesto a pagar. Y ese precio, como todo, sube con los años.