Sánchez culpa a las mafias y esconde a Marruecos
Mientras la presión migratoria se enquista, el Gobierno ha respondido con un paquete que se antoja simbólico: despliegue de 400 agentes, cuatro “bollas” y aceleración de las expulsiones regladas. La omisión, sin embargo, es lo más llamativo. En el discurso oficial no aparece ni una sola mención al Gobierno de Marruecos, de donde parten buena parte de las rutas.
400 agentes y cuatro bollas: medidas que no tocan el origen
La lectura escéptica no se hace esperar. Si el problema son las mafias que trafican con personas, ¿por qué no se presiona al país desde el que operan? Una corriente de análisis sostiene que la respuesta está en la relación bilateral: Marruecos tendría agarrado al Ejecutivo por varios frentes, desde la cooperación antiterrorista hasta episodios de espionaje telefónico. En ese contexto, nombrar al “sátrapa” sería un suicidio diplomático.
La retórica oficial se pincha en cuanto se mira el detalle de las medidas. Cuatro “bollas” no desactivan un negocio que mueve miles de personas; 400 agentes tampoco. Hay quien llega a ironizar con que, para localizar a los migrantes, haría falta tecnología de vigilancia avanzada tipo Palantir. La necesidad de herramientas así, si fuera cierta, sería la mejor radiografía del abandono del sistema.
El mismo esquema en otros frentes
La estrategia de buscar culpables externos no es exclusiva de la migración. El mismo patrón se repite con los incendios y el cambio climático: mientras haya un fenómeno exterior que no se puede controlar, el relato oficial evita rendir cuentas propias. La diferencia es que, en este caso, el “factor externo” tiene nombre y apellidos, y pronunciarlo incomoda.
El paquete se queda en lo cosmético. Nadie ha explicado todavía por qué cuatro “bollas” y 400 agentes van a frenar un negocio con ramificaciones políticas. Hasta que el Gobierno no nombre al vecino del sur, el análisis se atasca en la misma pregunta: ¿de verdad las mafias son el origen o solo el chivo expiatorio?