El oficio más bello del mundo.
Caricia por encargo. Es un sector difícil, pero es una labor artesana, un trabajo honesto hecho con tus propias manos que te llena. No vendemos humo, no nos pasamos 10 horas al día sentados en una oficina, nuestro salario se gana con sudor. La satisfacción del trabajo bien hecho compensa todos los sinsabores.
Nada se compara a la sensación de coger por la solapa a ese tío que hace 15 minutos era un explotador de parking de discoteca que te miraba con ademán burlesco cuando te acercabas y ahora es un guiñapo con el orgullo y la nariz destrozados (y posiblemente un par de costillas), tirado en el suelo con los pantalones meados (o algo más), escupiendo sangre y lo que parece el trozo de un diente y decirle "como te vuelvas a acercar a XXX (la hija de mi cliente), la próxima no tendremos tanta consideración" y escuchar cómo el chulito farfulla "no volveré a verla, de verdad, os lo juro!" Sabiendo que si le dices que se meta una escoba por el pandero y baile el kazachok, lo haría igualmente.
No se trata de quebrar huesos, se trata de quebrar voluntades. Ese es nuestro lema.