Un profesor y político de EH Bildu suspende en masa a alumnos de la línea en español en la selectividad vasca
La polémica ha estallado en el País Vasco después de que un profesor vinculado a EH Bildu, identificado como José Ramón (conocido como Joxe RRamon), suspendiera con ceros a un número masivo de estudiantes de la modalidad educativa en español (modelo A) en las pruebas de selectividad. El hecho, ocurrido en los últimos días, ha reabierto el debate sobre la política lingüística en la educación vasca, donde el euskera goza de una posición dominante a través del modelo D, que concentra al 70% de los alumnos de ESO. Mientras unos ven en esta actuación un ajuste de cuentas político o acoso lingüístico, otros la defienden como un acto de rigor académico en defensa de la lengua vasca. Lo que está claro es que la tensión entre comunidades lingüísticas ha alcanzado un nuevo pico.
El contexto educativo: el modelo D copa el 70% del alumnado
En el sistema educativo vasco coexisten tres modelos lingüísticos: el A (enseñanza en español, con euskera como asignatura), el B (bilingüe) y el D (íntegramente en euskera). Según los datos del debate, el modelo D es el mayoritario: el 70% de los estudiantes que terminan la ESO lo hacen en este modelo. Esta hegemonía ha sido impulsada tanto por el PNV como por EH Bildu, que consideran el euskera un pilar identitario. Sin embargo, una parte de la sociedad –especialmente familias que optan por el modelo A en colegios concertados– denuncia una presión creciente para abandonar el español, con situaciones que califican de «acoso lingüístico». El caso del profesor José Ramón ha sido la gota que colma el vaso: según distintas versiones, el docente, que también ocupa cargos políticos en EH Bildu, habría suspendido con un cero a todos los alumnos de la línea en español, impidiéndoles acceder a la universidad.
Reacciones: de la indignación a la justificación
Las redes sociales y foros han recogido una ola de críticas. Algunos comentarios apuntan a que esta actuación es un ejemplo de «supremacismo lingüístico» y recuerdan que el objetivo último de ciertos sectores independentistas sería prohibir el español en la esfera pública. Otros, sin embargo, consideran que el profesor está en su derecho de evaluar con rigor y que la queja es propia de quienes no aceptan la realidad sociolingüística del País Vasco. Entre las voces más radicales, se ha sugerido incluso que los padres de los estudiantes afectados «votaron a ETA y ETA tienen», una acusación que refleja la profunda división política. Desde el punto de vista económico, la controversia tiene implicaciones claras: los estudiantes del modelo A, al ser suspendidos masivamente, ven cerradas las puertas de la universidad, lo que supone una pérdida de capital humano y un incentivo para que las familias opten por el modelo D, retroalimentando la tendencia.
El dilema de la libertad de cátedra y la neutralidad política
El caso también plantea preguntas sobre los límites de la libertad de cátedra. ¿Puede un profesor con militancia política usar su posición para imponer una agenda lingüística? El debate no es nuevo, pero la magnitud del suspenso –«ceros masivos»– lo ha avivado. Algunos analistas señalan que, ante la falta de mecanismos de control, este tipo de prácticas pueden convertirse en una herramienta de presión política. Por otro lado, los defensores de la inmersión lingüística argumentan que es necesario un nivel alto de euskera para acceder a la universidad, y que el modelo A no lo garantiza. Sin embargo, la exigencia de un B1 o B2 en euskera se considera por muchos irrealizable con solo cuatro horas semanales de clase, lo que fuerza a las familias a recurrir a clases particulares o a cambiar al modelo D. Este círculo vicioso tiene un coste económico directo para las familias y para la sociedad en general.
El tiempo dirá si este caso es un punto de inflexión o un episodio más en la larga guerra lingüística vasca. Lo que es seguro es que ha dejado al descubierto las fracturas de un sistema educativo que, lejos de integrar, separa a los alumnos por idioma y, cada vez más, por ideología.