La hierba errante: el testamento de un genio
Yasujirō Ozu, el director japonés conocido por su mirada contenida y sus planos bajos, rodó 'La hierba errante' en 1959, cuando su salud se desmoronaba. Alcohólico, con los pulmones destrozados, se marcó una película luminosa sobre actores ambulantes que buscan afecto en un mundo cambiante. La crítica la considera una cumbre de su filmografía y una lección de fe en el ser humano.
De 1934 a 1959: la misma historia, otra sensibilidad
La película es una readaptación de su propia obra muda de 1934. La versión sonora multiplica la expresividad: actores interpretando a actores, todo es creíble, nada sobra. Ozu vuelve a su tema obsesivo: la comunicación imposible, el deseo de ser querido.
El cine que no es para superhéroes
Mientras el universo Marvel llena salas, Ozu propone otra cosa: una historia donde nadie gana ni pierde, solo intenta. Un observador lo resume: 'Para el universo de superhéroes que siempre ganan ya estáis vosotros'. No es un cine para todos, pero quien entra no sale igual.
La hierba errante (1959) es un recordatorio de que el cine puede ser arte, incluso cuando quien lo hace está en las últimas. Merece la pena recuperarla.