El colegio privado de Pablo Iglesias: el bulo que no fue, la hipocresía que sigue
La noticia cayó como una bomba: Pablo Iglesias e Irene Montero, los azotes de la casta, llevaban a sus hijos a un colegio privado. O cooperativo, según se mire. La polémica, que lleva semanas agitando las redes, se ha saldado con un bulo mediático (las supuestas declaraciones de Iglesias sobre dejar plazas libres en la pública procedían de una cuenta parodia) pero con un fondo que nadie desmiente: los líderes de Podemos han optado por la educación de pago para sus hijos. La misma que ellos demonizaron durante años.
La paradoja del discurso anticasta
No es la primera contradicción: primero fue el chalet en Galapagar (con piscina y limpiapiscinas), luego el sueldo de 20.000€ de Montero como eurodiputada, y ahora el colegio. Los que llamaban racistas a quienes escolarizaban a sus hijos en la privada huyen hoy de la «chusma» en un centro donde la matrícula cuesta 500€. Los defensores argumentan que se trata de una cooperativa docente, no de un elitista colegio de 1.000€ al mes, y que uno de los niños tiene necesidades educativas especiales. Pero la imagen del adalid de los pobres viviendo en una urbanización de lujo y pagando por educación privada escuece hasta a sus votantes más fieles.
El bulo y la verdad incómoda
Telemadrid, el canal de Ayuso, propagó que Iglesias había justificado su decisión diciendo que así dejaba plazas libres en la pública. Resultó falso: la frase salió de una cuenta fake de Canal Red. Pero el daño ya estaba hecho, y la derecha mediática explotó el filón. El problema real es que la izquierda ha interiorizado el mismo clasismo que denuncia: cuando pueden, se mudan a zonas residenciales y pagan por educación, sanidad privada y servicio doméstico. La coherencia política se la dejan a los pobres.
Los que blanquean y los que acusan
Una corriente de análisis sostiene que Iglesias y Montero tienen derecho a gastar su dinero como quieran, que su trabajo y sus negocios (el bar, la televisión) les han generado riqueza, y que el colegio es una cooperativa solidaria. La otra corriente señala que la hipocresía es el verdadero pecado: pasarse años llamando «fachapobres» y «borregos» a quienes llevaban a sus hijos a la privada, para luego hacer exactamente lo mismo. El dato del coste exacto del centro sigue siendo opaco, pero la matrícula de 500€ no incluye cuotas mensuales ni actividades extraescolares, y el perfil de las familias es de clase media-alta.
La pregunta que queda en el aire: si los propios líderes de Podemos no creen en la escuela pública ni en vivir en barrios obreros, ¿por qué debería hacerlo cualquier votante?
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