Por qué el Partido Libertario español no levanta cabeza
Lleva años en el espectro político, pero su presencia es casi anecdótica. El Partido Libertario de España no logra superar el umbral de la irrelevancia. Entre los motivos que se esgrimen, dos destacan: la confusión terminológica y la falta de cultura económica en el electorado.
El término "libertario" arrastra en España connotaciones anarquistas de izquierdas, herencia del siglo pasado. Para el votante medio, suena a colectivismo, no a libre mercado. Un error de marca que los propios interesados no han sabido corregir. En Estados Unidos, en cambio, el libertarismo se asocia al conservadurismo fiscal y a la defensa de las libertades individuales frente al Estado. Aquí, el mensaje se pierde.
A esto se suma una realidad tozuda: ningún país ha tenido un partido libertario en el gobierno, salvo Argentina, calificado por unos como "aberración" y por otros como "camino correcto". Pero el elector español, escaso de educación financiera, vota con las tripas. Los programas económicos de VOX, el partido que presume de disidencia, son, según algunos análisis, insuficientes. Y los del Partido Libertario, directamente, pasan desapercibidos.
Hay quien va más allá: sostiene que los aspirantes a libertarios españoles son, en realidad, acomodados que temen la verdadera libertad. Sin Estado, argumentan, habría que gestionar pensiones, sanidad y educación, algo para lo que no están preparados. La libertad, dicen, exige responsabilidad, y eso asusta. El minarquismo, por su parte, es tildado de estafa: si quieres Estados pequeños, propón dividirlos.
Lo cierto es que, a día de hoy, el Partido Libertario es un fantasma electoral. Ni siquiera sus críticos más feroces le conceden posibilidades. Mientras el debate sobre el tamaño del Estado siga secuestrado por los partidos tradicionales, el libertarismo español seguirá siendo una curiosidad de salón.