El capricho de autobautizarse: de Conan a Alteza Imperial
La mayoría de los españoles llevamos un nombre impuesto por otros. Pero si pudiéramos elegir, ¿qué nombre nos pondríamos? Un sondeo informal revela que las opciones se dividen entre héroes de ficción, nobles del Imperio y boutades sin complejos. Los hay que optan por conquistadores como Gonzalo Fernández de Córdoba o Blas de Lezo, otros se decantan por figuras literarias como Diógenes Trimegisto, y no faltan los que eligen personajes de la cultura pop: Conan, Han Solo o David Ace von Tone.
Una pizca de humor y provocación
El tono también se presta a la ironía. Algunos participantes eligen nombres que rozan lo absurdo, como una mezcla de delirio de grandeza y guiño cómplice. La tendencia refleja un anhelo de identidad idealizada: la del guerrero, el aristócrata o el antihéroe. No es casual que abunden los títulos nobiliarios y los apelativos épicos.
Identidad soñada vs. identidad real
Esta dinámica no es nueva. La elección del nombre propio, cuando se puede, revela aspiraciones profundas. Escoger «Federico Martín Bahamontes» o «Juan de Austria» no es solo un capricho: es declarar una filiación con un pasado glorioso o un modelo de éxito. La picaresca de algunos nombres, sin embargo, recuerda que también hay espacio para la autoparodia. Al final, el nombre que elegiríamos dice más de cómo queremos ser vistos que de lo que realmente somos.
Con estos datos, la conclusión es clara: si pudiéramos cambiar de nombre, muchos españoles serían héroes, nobles o simplemente irreverentes. Pero la mayoría seguirá siendo Alberto, José o María. Aunque el deseo queda.