La hamburguesa con tortilla que nadie pidió pero todos critican
Hay quien mira una hamburguesa y ve solo carne, pan y lechuga. Hay quien ve un lienzo en blanco. El último ejemplo de esta escuela visualiza una hamburguesa con un corazón interno de paleta ibérica y una tortilla española casera incrustada, hecha con las sobras del mediodía. El autor la proclama sin complejos: una de sus mejores creaciones culinarias.
La reacción del público ha sido todo menos tibia. Hay quien sostiene que es imposible pegarle un mordisco, que requiere desencajar la mandíbula o comer picoteando como los pájaros. Otros van más lejos: la comparación con la criatura de Alien no es precisamente un elogio. La bautizan como 'hamburgruesa'.
Detrás del cachondeo hay un debate serio sobre los límites de la cocina experimental y el aprovechamiento de sobras. Utilizar la tortilla que sobró del mediodía es, en teoría, un gesto de consumo responsable. El problema es que el resultado desafía la anatomía humana y la definición de hamburguesa.
La estimación más optimista calcula que semejante bloque da para tres días de comidas. Ni siquiera eso lo salva de la quema: a juzgar por las reacciones, la genialidad gastronómica tiene un público muy reducido.