La batalla por el internet más económico: ONO, Jazztel y Orange se fruta el cliente
A principios de la década de 2010, el mercado del ADSL español vivió una guerra de precios sin precedentes. Las ofertas de ONO a 20€ hasta 2012 sin permanencia desataron las alarmas: ¿demasiado bueno para ser cierto? Mientras, Jazztel apostaba por el boca a boca con su programa de recomendaciones y Orange ofrecía llamadas ilimitadas entre fijo y móvil. El comprador, atrapado entre promociones agresivas y temores a la calidad.
Ofertas que dejaban huella
ONO lanzó un órdago: 20€ al mes por ADSL hasta 2012, sin cuota de permanencia. La letra pequeña, sin embargo, escondía un cargo adicional de 14€ mensuales por la cuota de línea, un detalle que muchos descubrían al confirmar el pedido. Aun así, combinado con fibra óptica —que evitaba la infraestructura de Telefónica—, permitía precios agresivos. Jazztel respondió con su famoso programa de amigos: 60€ por el primer recomendado, 80€ por el segundo y 100€ por los siguientes, además de descuentos al ser recomendado. Con tres recomendados, algunos usuarios presumían de no haber pagado un céntimo en meses. Orange, por su parte, ofrecía 1.000 minutos gratis al mes entre móvil y fijo por menos de 30€.
El dilema precio vs. calidad
No todo era precio. Las críticas a la calidad del servicio eran recurrentes. Ya.com y Tele2 (absorbida por Vodafone) cosechaban fama de inestables. ONO era acusado de capar el P2P en algunas zonas, mientras Telefónica, aunque caro, funcionaba sin cortes. El debate se centraba en si merecía la pena arriesgar por un ahorro mensual de 10-20€. Algunos señalaban que el servicio de bucle desagregado que ofrecía Comunitel y luego Tele2 se había deteriorado tras la compra de Vodafone, perdiendo calidad.
El cliente que se atrevió a quitar el fijo
Una opción radical ganaba adeptos: el ADSL sin línea fija. Por 12,50€ al mes, un usuario podía tener internet vía wifi, eliminando la cuota de línea y ahorrando más de 50€ mensuales. Eso sí, con límite de descarga. Una solución para quienes priorizaban el precio sobre la velocidad ilimitada.
Con estos datos, el mercado demostraba que lo más barato no siempre era lo mejor, pero que un cliente informado podía negociar ofertas y salir ganando. La competencia, al final, beneficiaba al bolsillo.
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