Coro Cillán: la jueza que quiso reabrir el 11M y acabó en un psiquiátrico
Décadas después del 11-M, el nombre de Coro Cillán vuelve a circular. Esta jueza, que en su día intentó reabrir una pieza separada del mayor atentado en España, terminó expulsada de la carrera judicial y recluida en un psiquiátrico de Palencia. Su historia es un cóctel de preguntas incómodas y versiones contradictorias que enfrentan a quienes la consideran una heroína silenciada con quienes la recuerdan como una persona con graves problemas de alcoholismo.
Según la narrativa más difundida en círculos escépticos, Cillán empezó a indagar en 2009 sobre el destino de las pruebas del 11-M: las ropas de las víctimas y los objetos personales. Preguntó por qué se habían achatarrado los trenes sin un análisis concluyente del explosivo. Esas pesquisas, según esta versión, habrían molestado a altas instancias. Poco después, su comportamiento se volvió errático, fue inhabilitada por un controvertido cierre de la discoteca Moma de Madrid y, finalmente, ingresada en un centro psiquiátrico contra su voluntad, sin que al parecer ningún médico firmara la orden. La familia denuncia que no puede visitarla.
Sin embargo, hay quienes afirman haberla tratado directamente. "Tomaba declaración a detenidos borracha como una cuba", sostiene una voz que dice haber coincidido con ella en los juzgados de Plaza de Castilla. Otro testimonio la sitúa en Plasencia, donde se llevaba a funcionarios a comer y beber, con un aspecto que delataba un consumo excesivo de alcohol y pastillas. Para estos testigos, su caída no responde a una conspiración, sino a un deterioro personal previo.
El documental "Terra Incógnita" ha reavivado el interés, presentándola como una persona que fue declarada loca tras hacer preguntas que no debía. La falta de transparencia sobre su ingreso y la imposibilidad de visitarla alimentan las dudas. Mientras unos ven paralelismos con otros casos -como el del juez Presencia o Alberto Royuela-, otros recuerdan que en la carrera judicial ha habido episodios de jueces con problemas psiquiátricos sin necesidad de tramas políticas.
¿Qué hay de cierto? A falta de una investigación judicial independiente, el caso Cillán se ha convertido en un símbolo de los límites del poder: hasta dónde está dispuesto el sistema a llegar para silenciar a un juez incómodo. Las dos versiones conviven sin que ninguna pueda probarse del todo, y el ingreso psiquiátrico sigue siendo el punto más oscuro.