El «ruido de sables» de un retirado acaba en la barra del bar
La escena no es un cuartel. Es una barra de bar o el salón de un casino militar, con una copa de whisky a medio terminar. Un militar retirado ha hablado de un supuesto «alzamiento militar» y el eco de esas declaraciones ha devuelto a la circulación la vieja expresión «ruido de sables»: el rumor recurrente de una asonada que nunca acaba de concretarse. La noticia se ha tildado de amarillista y hay quien duda abiertamente de que quien firma esas palabras represente a algo más que a sí mismo.
¿De un militar retirado a un alzamiento media un abismo?
La primera objeción que aparece es de escala. Una cosa es que un uniformado ya retirado hable de alzamiento y otra muy distinta que eso sea ruido de sables. Entre ambos extremos media un abismo, y ese es el argumento que más se repite: sin mando, sin tropa y sin estructura, un retirado es una opinión, no una amenaza.
Enfrente, otra corriente sostiene lo contrario. Se argumenta que las Fuerzas Armadas no quedan ya libres de contaminación alguna y que la degradación institucional alcanza a todo. Es la lectura más pesimista y, de momento, la que menos apoyos concretos aporta.
El ruido real, según los escépticos, es de vasos
Buena parte del debate rebaja el asunto a una cuestión etílica. El ruido, dicen, no es de sables sino de copas de whisky y de campo de golf. Un veterano que frecuentó el casino militar en los años 90 —federado entonces en la FMTO, antes del cierre de su galería— describe aquel ambiente como un problema de alcohol más que de conspiración. El pareado que resume el tono general no puede ser más español: golpe de estado desde la barra del bar, o casino, que viene a ser lo mismo pero más fino.
Ahí queda el dato que descoloca: el asunto más serio del día se despacha con una copa, un green y una rima.