Sánchez cancela su plan de ver el eclipse tras la polémica del Falcon
Pedro Sánchez no verá el eclipse. El presidente del Gobierno ha dado marcha atrás en su intención de desplazarse a contemplar el fenómeno astronómico, después de que la utilización del avión oficial Falcon para un evento de apenas unos minutos chocara de frente con su discurso sobre la emergencia climática. La cancelación, sin embargo, no apaga la polémica: el daño de la imagen ya estaba hecho.
Un avión para unos minutos de sombra
La contradicción era demasiado visible. Mientras el Ejecutivo presume de agenda verde, la imagen de un presidente volando en el Falcon hasta para un eclipse de corta duración alimenta las críticas a la doble vara de medir. En redes y en los análisis económicos se ha señalado el coste de oportunidad de semejante gesto: el combustible gastado, la huella de carbono y el mensaje que se lanza sobre la austeridad que se exige a la ciudadanía. Que Sánchez haya reculado no resuelve el problema de fondo: el uso del avión oficial para caprichos astronómicos debería haber sido descartado en primer lugar.
La sospecha del sacrificio involuntario
No todos se tragan la versión de que el presidente ha cambiado de opinión por voluntad propia. Ha flotado la teoría de que los “jefes” de Sánchez no le habrían invitado al acto, sugiriendo que la decisión podría tener más de consecuencia organizativa que de rectificación ética. Esta lectura, aunque minoritaria, añade incertidumbre sobre el verdadero motivo: ¿ha sido la presión social o una gestión interna lo que ha dejado al presidente sin eclipse?
Queda por ver si esta marcha atrás será un gesto aislado o el inicio de una revisión profunda sobre los desplazamientos en Falcon. Si el precio político de este eclipse ha sido alto, el coste de repetir la jugada sería intolerable. Al final, no es el astro el que se oculta, sino el político que se esconde tras su propia contradicción.