Jeremías y la fractura incurable: la liturgia del 4 de agosto
La liturgia católica de este martes no regala consuelo. La primera lectura del día, del libro de Jeremías 30 (versículos 1-2 y 12b-15 y 18-22), describe una fractura incurable y una herida infectada. Nada de eufemismos ante el pecado colectivo. Pero el mismo pasaje, recortado para la misa, termina abriendo la puerta a la reconstrucción de Sión: «El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria». La devastación y la promesa conviven en el mismo texto.
La jornada se vive además con una parrilla de oración perfectamente sincronizada. La Santa Misa se retransmite en directo a las 20.00, con el Rosario desde las 19.30; a las 22.00 se reza el Santo Rosario nocturno y a las 15.00 se recomienda la Coronilla de la Divina Misericordia, la hora de la misericordia. Hay algo de fe bajo demanda en esta rutina: el católico que sigue la liturgia desde casa ya tiene horario de misa como quien tiene horario de gimnasio.
Junto a la lectura bíblica, la propuesta espiritual incorpora una joya del monacato: los apotegmas de los Padres del Desierto, compilados por el jesuita Heribert Rosweyde en el siglo XVII y traducidos por los monjes de Solesmes. Están en línea, en surco.org, sin portazgo digital. La tradición eremítica cabe en un enlace.
La homilía corre a cargo del padre Santiago Martín, de los Franciscanos de María, aunque su texto no se desarrolla en la publicación. La reflexión más sugerente llega por otra vía: la imagen de una lejía eficaz que nos limpia de la inmundicia en la que malvivimos, y la humildad como humillación sensata. Poca retórica y mucha lavandería espiritual.
A este ritmo, la diferencia entre misa presencial y retransmitida acabará siendo puramente administrativa. La cuestión es si la reconstrucción de Sión que anuncia el texto resistirá el paso de la burocracia eclesial. Por ahora, la pantalla hace de muro de las lamentaciones.