Sátántangó: la obra de 7 horas que fascina y exaspera
Siete horas de metraje, un ritmo hipnótico y una escena con un gato que ha generado más debate que toda la filmografía del director. Así es ‘Sátántangó’, la obra cumbre del húngaro Bela Tarr, que vuelve a estar de actualidad gracias al Nobel de Literatura concedido a László Krasznahorkai, autor de la novela en la que se basa.
Un desafío narrativo de siete horas
La película, estrenada en 1994, se ha convertido en un objeto de culto para unos y en un ejemplo de pretenciosidad para otros. Su duración extrema –siete horas exactas– no es un capricho: cada plano se alarga hasta el límite de la paciencia, creando una atmósfera opresiva que sumerge al espectador en la miseria rural húngara. Hay quien la compara con las sinfonías de Mahler: no se entiende a la primera, pero quien persevera encuentra una recompensa insospechada. Otros, sin embargo, la tachan de “petulante” y “pedante”, como se lee en alguna crítica. El propio Tarr ha defendido que su cine no es para todos, sino para aquellos dispuestos a mirar sin esperar nada a cambio.
La polémica escena del gato
Uno de los momentos más recordados –y controvertidos– es la escena en la que una niña envenena a un gato. Muchos espectadores la han dado por real, pero el director ha aclarado que el animal era suyo y que la escena fue coreografiada. La niña, ignorada y maltratada por su familia, descarga su impotencia en el felino, un gesto que algunos interpretan como una metáfora del poder y la crueldad humana. La polémica está servida, y el debate sobre si es ético o no simular el maltrato animal en el cine sigue abierto.
El VOSE como debate de fondo
Otro punto que genera discusión es la versión original frente al doblaje. La película está rodada en húngaro, y muchos espectadores prefieren verla con subtítulos para no perder los matices de la interpretación y del sonido, que aquí es esencial. Otros, sin embargo, defienden el doblaje por comodidad, pese a que reconocen que se pierden detalles. Tarr es conocido por su uso del sonido ambiente, y los susurros, silencios y ruidos del campo húngaro son parte fundamental de la experiencia. Verla doblada, para muchos, sería como escuchar una sinfonía con los ojos tapados.
Sea cual sea la postura, lo cierto es que ‘Sátántangó’ no deja indiferente. ¿Tiene sentido dedicar siete horas a una película que no te da respuestas? Quizá la clave esté en otra pregunta: ¿qué esperas que te dé? Para los que buscan la verdad, puede que la respuesta esté en el propio viaje.