Las zapatillas de Sophie Cunningham se agotan tras su cruzada anti-trans
La jugadora de la WNBA Sophie Cunningham, del Indiana Fever, ha convertido una opinión sobre el deporte femenino en un fenómeno comercial. El diario ABC publicaba el 26 de julio que sus zapatillas se habían agotado después de que la escolta pidiera protección para las «niñas biológicas» y abogara por «mantener a los atletas trans fuera del deporte femenino». El apodo que le ha puesto la redes, «MAGA Barbie», ilustra cómo ha sido recibida.
La WNBA y el matiz que nadie cuenta
La polémica tiene un matiz que casi nadie menciona. En la WNBA no ha jugado nunca una mujer trans, es decir, una persona asignada varón al nacer. La liga no ha drafteado a ninguna. Lo que sí existe es un caso conocido: Layshia Clarendon, exjugadora de Indiana Fever y otros equipos, se declaró persona trans no binaria en 2020, siendo la primera en someterse a una cirugía de masculinización de tórax en activo. O sea, asignada mujer al nacer. Que alguien con ese historial juegue en una liga femenina no implica que se esté colando ningún atleta con ventaja fisiológica masculina.
Comercio, identidad y derechos
La polémica enfrenta dos lecturas. Una sostiene que Cunningham solo ha expresado una opinión razonable sobre cómo proteger la categoría femenina, y que criminalizarla por ello es excesivo. La otra considera que sus palabras alimentan la exclusión de un colectivo vulnerable y que sus zapatillas agotadas son la prueba de que el discurso anti-trans vende. Mientras tanto, el producto se agota y la discusión sigue sin resolverse.
El dato que descoloca: la liga que supuestamente sería el campo de batalla no tiene, ni ha tenido, a una mujer trans en sus filas.