30 grados en casa: el aire acondicionado de 20 años que toca cambiar
Un aire acondicionado de 20 años no se repara: se sustituye. La aritmética es tozuda: cada carga de gas caro y una eficiencia que cae por debajo de los 10 años de vida útil convierten la avería en una sentencia económica. Pero en plena ola de calor, la teoría del reemplazo choca con la prisa por dormir una noche.
El termómetro de una habitación pasa de 25 a 30 grados tras fallar el aparato. El dueño revisa la garantía - caducada - y llama al seguro, que ofrece un “apaño” hasta fin de verano. Es el bucle clásico: el técnico viene, cobra y deja el equipo zombi funcionando una semana más.
La humedad remata la faena: con 30,9 grados y 68% de humedad relativa, el bochorno se convierte en sauna. No es lo mismo el calor seco de Madrid que el húmedo de Punta Cana a la misma temperatura. El cuerpo no puede sudar para refrescarse y el descanso se va al garete.
Mientras se decide, la solución es muda de habitación: refugiarse en la que sí tiene aire, en casa de la madre. Un apaño residencial que no resuelve el problema de fondo: el cambio climático no entiende de garantías.
La previsión es que este verano siga cobrándose equipos veteranos. Algunos propietarios apurarán el seguro año tras año; otros, finalmente, pedirán presupuesto para reemplazar el equipo. La duda es si el calor ganará la partida a la pereza fiscal antes de agosto.