El mito de las argentinas sigue vivo en España
Una pregunta formulada sin anestesia en una conversación de hombres reunió catorce respuestas y destapó el catálogo completo de tópicos sobre las argentinas. Hay quien las idealiza como amantes apasionadas; quien las acusa de complicarse la vida (y la ajena); y quien, por razones ideológicas, prefiere vérselas de lejos. Pero también está el que se casó con una y no se arrepiente.
El estereotipo no es nuevo, pero sigue sin despegarse de la realidad. Los tópicos que se repiten con más soltura son los de mujer apasionada y “lianta”, siempre en masculino plural. La curiosa mezcla de admiración y desconfianza convierte a la mujer argentina en un objeto de deseo con letra pequeña. Lo interesante es que la única evidencia tangible en la conversación apunta en dirección opuesta: matrimonios que funcionan, anécdotas culturales compartidas y algún que otro recuerdo de películas argentinas que hacen de puente inesperado.
La política también se cuela en lo personal
El detalle que nadie esperaba en una conversación frívola fue la aparición del “cordón sanitario” contra quienes se consideran parte de una determinada “ciénaga”. En tiempos de hiperpolitización, hasta las relaciones personales se convierten en trinchera. No se trata de ideología, sino de evitar el contacto sentimental con el adversario.
El mito, por tanto, sigue resistiendo a la evidencia. La próxima vez que alguien pregunte qué hay de cierto en el carácter de las argentinas, la respuesta dependerá más de la ideología y de los prejuicios de quien contesta que de los hechos. Y eso, en sí mismo, dice más de quienes miran que de las miradas.