El tuit de VOX que reabre 500 años de discusión sobre la conquista
Un tuit de VOX que conmemoraba el 500 aniversario de la rendición de Tenochtitlán se convirtió en uno de los mensajes más compartidos de los últimos años. El texto sostenía que Hernán Cortés y sus aliados nativos «consiguieron la rendición de Tenochtitlán» y que España «logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas». Cerraba con un «Orgullosos de nuestra Historia» y la bandera bien alta. A partir de ahí, la polémica quedó servida: ¿se puede celebrar la caída de un imperio sin sonar a apologista?
¿Qué decía el tuit y por qué se hizo viral?
El mensaje no aportaba ninguna novedad histórica: resumía en cuatro líneas un episodio sobradamente documentado. Lo que lo disparó fue el encuadre. Donde el relato habitual habla de conquista y sometimiento, el tuit habló de liberación. Ese giro, en plena guerra cultural por el relato nacional, funcionó como una cerilla. La propia conversación lo dejó escrito: «Buena campaña de publicidad ha hecho VOX a coste cero». Probablemente ahí esté la clave. No importaba tanto lo que decía como a quién irritaba.
Las alianzas indígenas que el relato oficial omite
El argumento más repetido fue el de los aliados nativos. Se sostiene que un puñado de españoles pudo doblegar al Imperio azteca porque buena parte de los pueblos sometidos los recibieron como libertadores. «Cuando 500 españoles pudieron acabar con el Imperio Azteca, es porque fueron recibidos por la mayoría de pueblos indígenas como libertadores de un régimen sanguinario», resume una de las intervenciones. Los tlaxcaltecas y otros pueblos sellaron alianzas con Cortés y conservaron amplia autonomía bajo la corona. La cifra que se repite para dimensionar el régimen anterior es contundente: 30.000 personas sacrificadas al año.
¿Cuántos sacrificios humanos practicaban los aztecas?
La fuente más citada no es un panfleto: el proyecto Noticonquista, impulsado desde la UNAM, describe con detalle la extracción del corazón de la víctima como una de las inmolaciones más frecuentes. A eso se suma el testimonio de un soldado de Cortés, recogido durante la conmemoración, que afirmaba haber visto sacrificar y abrir por los pechos a 62 de sus compañeros. Que el dato sea cierto ayuda a entender 1521. Otra cosa muy distinta es usarlo como argumento único para santificar la conquista entera.
La leyenda negra y la batalla por el relato nacional
Aquí es donde la mayoría de las intervenciones dejan la historia y entran en la política. Se sostiene que existe un relato interesado que presenta la colonización española como excepcionalmente cruel, y que ese relato se ha interiorizado hasta el punto de que muchos rechazan su propia herencia. Hay quien lleva el análisis más lejos y habla de cómo esa hostilidad hacia lo español, antes patrimonio de las élites criollas, se ha trasladado al discurso sobre los propios pueblos indígenas. El ejemplo que se repite: un presidente mexicano de ascendencia enteramente española cuestionando sin descanso la colonización de la que desciende.
España frente a Inglaterra: la comparación que nunca se cierra
Otra corriente de opinión introduce el contraste con otras potencias coloniales. El argumento es incómodo y difícil de zanjar: donde se instalaron otros imperios, buena parte de la población originaria desapareció sin dejar rastro, mientras que en el territorio de la antigua Nueva España sobrevivieron comunidades enteras. La respuesta llega rápido: dependerá de qué se entienda por supervivencia. La comparación con la India, con Irak o con Egipto aparece una y otra vez, casi siempre para concluir que cada imperio dejó su propia lista de ruinas.
Por qué la Reconquista se cuela en la conquista de América
En algún punto, la conversación dejó de hablar de Tenochtitlán y se enredó en los ocho siglos de presencia musulmana en la península. Una parte lo plantea como ocho siglos de dominación; otra responde que fueron ocho siglos de resistencia. La disputa se calienta y pierde de vista 1521. Es la prueba de que el asunto no va de historia: va de identidad. Y en ese terreno nadie cede, porque cada bando cree defender algo que no se puede negociar.
La letra pequeña económica: la plata de las minas
Entre tanta épica, alguien recordó la razón material. «Es que ahí estaban las minas de plata». El imperio se sostuvo sobre metales, rutas comerciales y una administración que dejó virreinatos con fronteras reconocibles hoy: el del Río de la Plata integraba los actuales Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Esa es la parte que ninguna conmemoración celebra con bandera, y probablemente la que explique mejor por qué un tuit tan corto sigue dando de comer cinco siglos después.
Hubo incluso espacio para la anécdota. Un viajero contó desde un camping de la región francesa de Aubrac que, al coronar un puerto en bicicleta, aprovechaba para «mear mirando ese paisaje» en homenaje a las gestas de sus antepasados. El nivel de solemnidad del asunto quedó retratado ahí, mejor que en cualquier editorial.
Al final, cinco siglos después, la conclusión más repetida no es histórica sino antropológica: pocas cosas unen tanto como discutir sobre lo que ya no se puede cambiar. La próxima efeméride, si alguien la convoca, promete exactamente lo mismo.