El retorno de las macetas de barro y lo que dice de la economía
Las macetas de barro han vuelto. Y su regreso es una pequeña radiografía de lo que ocurrió con la economía española durante la burbuja inmobiliaria. Un comercio del Valle de Ricote, en Murcia, recibió después de casi siete años un camión cargado de estas macetas, fabricadas con el mismo material que los ladrillos. Durante el boom, las fábricas de ladrillos dejaron de producirlas porque el ladrillo era mucho más rentable. Ahora, con el sector de la construcción enfriándose, la industria busca diversificar.
La guerra del barro contra el plástico
Quienes han echado de menos las macetas de barro destacan sus ventajas: transpiración, estabilidad y estética. En una terraza de 20 metros cuadrados, un aficionado a la jardinería asegura que las plantas van mejor en barro y que las de plástico se rompen con el tiempo. Sin embargo, el plástico gana en ligereza y precio: una maceta de barro de 30 centímetros cuesta alrededor de 2,50 euros, mientras que una de plástico similar puede costar 7 euros. Curiosamente, el barro resulta más barato en ese tamaño, aunque en formatos grandes la diferencia se invierte y el peso se vuelve prohibitivo.
El declive y el regreso de una tradición
La historia de las macetas de barro es un espejo de la economía del ladrillo. En Bailén (Jaén), principal zona productora, se pasaron al ladrillo durante la burbuja. Con la crisis, algunos han retomado la fabricación de macetas, cazuelas y botijos. Un testigo menciona que en su tienda nunca dejaron de vender macetas de barro procedentes de Jaén, y que los precios se han igualado con el plástico debido a la subida del petróleo. Aun así, la producción de macetas no da para mantener el empleo de antes, pero puede servir como colchón para las fábricas mientras se reorientan.
¿Moda pasajera o tendencia de fondo?
Algunos ven en esta vuelta un síntoma de que la burbuja inmobiliaria se ha desinflado y la industria busca alternativas. Otros lo consideran anecdótico: la cantidad de macetas que se fabrican no es ni sombra de lo que fue el ladrillo. Además, el plástico sigue imponiéndose por precio y peso. Sin embargo, la persistente demanda de macetas de barro durante años de sequía sugiere que hay un nicho que las grandes cadenas como IKEA no han cubierto del todo. El tiempo dirá si esta recuperación es solo un rebote o el principio de un cambio de ciclo.
Si la vuelta de las macetas de barro es un presagio de que la industria del ladrillo busca nuevos horizontes, quizá sea una buena noticia para el empleo en zonas como Bailén o Jaén. Pero no conviene lanzar las campanas al vuelo: el mercado de macetas es diminuto comparado con el del ladrillo y el plástico sigue ganando la batalla del peso y el precio.
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