El racismo que se viste de demografía
Que un discurso claramente racista pretenda pasar por análisis demográfico es la paradoja de la temporada en las redes. El mensaje, difundido en Twitter/X, sostiene que un grupo racial no podría sobrevivir sin el otro, que carecería de estructuras familiares estables y que su capacidad de organización sería limitada. Nada de esto aparece respaldado por dato alguno, pero el tono pseudocientífico le ha dado recorrido.
Las cuatro tesis del mensaje original tienen un denominador común: presentan como natural lo que es histórico y estructural. La dependencia económica entre grupos no es una condición biológica, sino el resultado de siglos de exclusiones, políticas públicas y desigualdad acumulada. La ausencia de familias nucleares, cuando se da, responde a dinámicas migratorias y de precariedad, no a un supuesto defecto cultural.
El componente religioso tampoco se sostiene. El mensaje atribuye al cristianismo un papel de contención que, de ser cierto, sería un reconocimiento indirecto de que el cambio social proviene de factores institucionales, no raciales.
Lo más llamativo es que el argumento se presente en un espacio dedicado a la economía. La economía moderna se construye sobre capital humano, instituciones y redes de confianza; la raza no aparece en ninguna ecuación seria de crecimiento.
Quizá la mejor respuesta sea la que el propio mensaje ha generado: burlas, escepticismo y la pregunta de fondo: ¿por qué ese argumentario sigue circulando?