¿Salvaron vidas las banderillas el bichito? (bitácora de Fernando Pepino alopécico Sotelo)

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SALUD / el bichito

¿Salvaron vidas las banderillas el bichito?

Fernando del Pino alopécico-Sotelo

7 de mayo de 2024

La respuesta político-sanitaria a la esa época en el 2020 de la que yo le hablo constituye el mayor escándalo de salud pública de la historia. Se basó en un engaño descomunal, pero la verdad se va abriendo paso.

Ya sabemos que ni los ilegales confinamientos ni las estúpidas mascaras sirvieron para nada[1] salvo para enriquecer al entorno de nuestra clase política, pero ¿qué ocurre con las banderillas y terapias genéticas que se impusieron de forma voluntario-obligatoria a la población? Muchos se muestran hoy arrepentidos de haberse medicado y preocupados por los efectos secundarios que ven a su alrededor y que empiezan a reconocer las propias empresas farmacéuticas. Estas personas deben estar tranquilas, pues el paso del tiempo disminuye la probabilidad de sufrir un efecto adverso, y deben ser indulgentes consigo mismas, pues tomaron la decisión bajo coacción y completamente desinformadas, no en balde el gremio médico les falló estrepitosamente (con escasas y valientes excepciones).

En efecto, la mayor parte de la población no se vacunó libremente, sino forzada por una inaguantable presión política y social. Primero les aterrorizaron mediante una campaña de terror mediática que les hizo creer que el el bichito era peligrosísimo para todos y que sólo las banderillas podían salvarles la vida. Luego fueron manipulados con sentimientos de culpa basados en una creencia supersticiosa, completamente acientífica: la banderilla no sólo te protege a ti, sino a los demás («si no te banderillas, matarás al abuelo»). Finalmente, fueron intimidados por la campaña de demonización de los no banderilleados y chantajeados con el pasaporte el bichito, destinado a hacerles la vida imposible.

España fue uno de los países donde la dictadura sanitaria tuvo más éxito, pues se vacunó el 87% de la población, frente al 76% de Alemania, el 68% de EEUU o el 60% de Polonia[2]. Ahora, los mismos responsables políticos que forzaron a su población a vacunarse se lavan las manos afirmando cínicamente que la vacunación fue «voluntaria» y que las banderillas el bichito eran seguras y salvaron muchas vidas.

banderillas poco testadas y poco seguras

Hoy pocos analistas serios dudan que estas banderillas y terapias genéticas tan poco testadas no eran seguras. No sólo se han ido documentando multitud de graves efectos secundarios isquémicos y cardiovasculares (trombosis, ictus, miocarditis, embolia pulmonar, etc.), inmunológicos y de otros tipos[3], sino que muy probablemente hayan causado la fin de decenas de miles de personas, según sugieren los datos de farmacovigilancia de EudraVigilance y VAERS. En la siguiente tabla se muestran las muertes anuales reportadas en EEUU tras vacunarse desde 1991 hasta hoy[4]:

s-tras-vacunarse-en-EE.UU_.-1991-2024-Fuente-VAERS.png


Los mismos que defendieron la falsedad de que las banderillas impedían el contagio y, más tarde, que impedían la gravedad y la fin (otra falsedad, como veremos), defienden que estas cifras de mortalidad tan inquietantes pueden despreciarse: correlación no implica causalidad, dicen. Teóricamente correcto, pero ¿acaso por ello debemos descartar la tabla como si no tuviera valor informacional? ¿De qué sirve entonces la farmacovigilancia? ¿De verdad debemos considerar este gráfico normal? Evidentemente, no. En el 2021, el 33% de las muertes se produjo menos de una semana después de vacunarse. ¿Pura casualidad? Tengan en cuenta que éstas son las muertes reportadas, así que ¿cuántas serán las reales? ¿Cómo puede ser que la EMA (cómplice, como todos los reguladores, de este escándalo) acepte con naturalidad las 12.000 muertes reportadas en Europa[5] haciendo referencia a la baja proporción respecto del número de banderilleados? ¿Existe algún precedente de algún medicamento del que se hayan reportado decenas de miles de muertes que no haya sido retirado del mercado?

¿Salvaron vidas las banderillas?

Ante la avalancha de efectos secundarios, la consigna es que, pese a ello, las banderillas han salvado incontables vidas y que, por tanto, la ratio riesgo-beneficio es positiva.

La evidencia científica no parece apoyar esa conclusión. Una revisión de ensayos controlados aleatorios aparecida como preprint en The Lancet concluyó que la tasa de mortalidad de los banderilleados con banderillas ARNm era ligeramente superior a la de los no banderilleados, sugiriendo que las banderillas no salvaban vidas o que las muertes causadas por sus efectos adversos (particularmente cardiovasculares) superaban las vidas supuestamente salvadas por ellas[6]. Su autora principal, una médico danesa, reconocía el intento de ocultación de la verdad: «Llevo en esto muchos años y sé que hay poderes por ahí que no están interesados en profundizar realmente en estos hallazgos»[7]. A pesar de ello, algunos estudios[8], ampliamente difundidos por los medios, llegaron a hablar de millones de vidas salvadas por las banderillas, pero parecían pura publicidad: el sesgo de estar financiados por la OMS, la Fundación Gates o la Alianza de las banderillas Gavi (ligada a los propios productores de banderillas), unido a chocantes errores de bulto[9], les otorgaba una credibilidad muy baja.

En España, los propios datos oficiales también cuestionan que las banderillas fueran eficaces para prevenir la fin por el bichito. Hace unos días algún medio publicó que el Ministerio de Sanidad reconocía (respondiendo a la Asociación Liberum) que el 30% de los fallecidos por el bichito había muerto a pesar de estar medicado[10]. Cómo no, esta violación de la omertà fue castigada por los risiblemente llamados fact-checkers, chiringuitos promovidos por la oligarquía globalista que perfuman su analfabetismo numeral con conceptos (para ellos sofisticados) como la Paradoja de Simpson, aunque en su caso aplica más bien la paradoja de los Simpson: «Para mentir hacen falta dos: uno que mienta y otro que escuche» (Homer Simpson).

En realidad, los datos proporcionados por Sanidad, que reproducimos a continuación[11] deberían haber dado lugar a titulares mucho más audaces:

Estado de vacunaciónCasos diagnosticadosFallecidos
No medicado5.595.65352.209
medicado incompleto644.9233.319
medicado completo6.900.23331.967
No consta774.00234.265
TOTAL13.914.811121.760

Antes de nada, esta tabla genera dudas sobre la fiabilidad de los datos suministrados. En efecto, resulta sospechoso que sobre el 28% de los fallecidos «no conste» estado de vacunación y, además, es imposible que la letalidad CFR de éstos (fallecidos/casos diagnosticados) sea del 4,4% cuando, siempre según la tabla, la letalidad de las otras categorías (CFR) es del 0,67%.

Pero demos por buenos los números. A priori, si cerca del 30% de los fallecidos por el bichito estaba medicado, podríamos concluir (prematuramente) que las banderillas tenían una cierta eficacia para prevenir la fin, no absoluta (como nos habían prometido), pero al menos sí relativa, dado que cerca del 87% de la población llegó a estar vacunada. Sin embargo, este argumento aparentemente lógico es falaz.

En primer lugar, no se pueden comparar cifras de dos períodos distintos, puesto que el porcentaje de fallecidos abarca toda la esa época en el 2020 de la que yo le hablo (desde principios de 2020) y el porcentaje de banderilleados máximo no se alcanza hasta mediados o finales del 2022. Otra cosa sería comparar el porcentaje de fallecidos con el porcentaje medio (no máximo) de vacunación desde que empezó la distribución de banderillas, a principios del 2021.

En segundo lugar, el número de fallecidos por el bichito en 2020, antes de la llegada de las banderillas, asciende a casi 51.000 personas[12], prácticamente el mismo número de no banderilleados de la tabla. Como para medir la efectividad de las banderillas debemos eliminar este número de fallecidos y comenzar la comparación desde el momento en que aquéllas estuvieron disponibles, podemos estimar, siendo prudentes, que entre el 50% y el 75% del total de fallecidos por el bichito desde principios del 2021 murió estando medicado. Para más inri, estas personas murieron a pesar de que las variantes posteriores al año 2020 eran mucho más leves que las primeras y que había ya un porcentaje de la población inmunizada naturalmente.

En 2022 el 84% de los fallecidos por el bichito estaba medicado

Otros datos oficiales abundan en las dudas sobre la eficacia vacunal. En efecto, el Ministerio de Sanidad publicó durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo actualizaciones epidemiológicas semanales en las que a partir del 2021 empezó a figurar el estado de vacunación. Quienes las seguíamos pudimos observar que la caza de brujas de los no banderilleados no sólo era liberticida, sino acientífica.

Efectivamente, los medios hablaban de una «epidemia de no banderilleados», pero los datos mostraban que la banderilla no protegía en absoluto contra el contagio ni detenía la transmisión[13], lo que no fue óbice para que el Tribunal Supremo avalara el infame pasaporte el bichito en una sentencia verdaderamente bochornosa[14]. Cuando ya fue imposible ocultar la evidencia ―a principios del 2022 cerca del 90% de los casos diagnosticados por el bichito eran personas vacunadas[15]―, los mismos medios pasaron a defender una nueva consigna: si bien los banderilleados se contagiaban igual (o más) que los no banderilleados, la inmensa mayoría de personas hospitalizadas, en la UCI o fallecidas pertenecía a la minoría no vacunada. También era mentira. Una vez más, los datos brutos del Ministerio de Sanidad de España y de otros países como Reino Unido[16] lo desmentían. Semana tras semana, el porcentaje de hospitalizados y fallecidos banderilleados subía. Pronto superó el umbral del 50%, y luego del 60% y más tarde del 70%.

Finalmente, a finales de marzo de 2022, y a pesar de ofrecer tasas estimadas contradictorias, los datos del Ministerio de Sanidad mostraban que el 84% de los fallecidos por el bichito en los dos meses anteriores (sobre los que constaba información de vacunación) había muerto a pesar de estar medicado con pauta completa[17]. Dado que el 85% de cobertura vacunal de la población diana no se alcanzaría hasta dos meses más tarde, el porcentaje de fallecidos banderilleados durante el primer trimestre del 2022 era prácticamente idéntico al porcentaje de banderilleados entre la población, lo que indicaría que la efectividad de las banderillas para evitar la fin por el bichito era, en ese período, cercana a cero. Sanidad no volvió a desglosar el número de fallecidos por pauta de vacunación.
 
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