"Técnicamente" estamos inmersos en un mundo económico-financiero totalmente quebrado, y que si no se ha ido antes al garete es por la continúa impresión de dinero sin "coste" y respaldado por "humo"... Ni más ni menos. ¿Cuánto durará esta situación? No tengo ni pajolera idea, pero diría que NO le queda mucho tiempo, ya que la precariedad en casi todo el mundo es cada vez más evidente. De estas situaciones se sale SIEMPRE de una forma traumática.
No estoy tan convencido de lo que dices. Por supuesto, tanto tu comentario como el mío que ahora escribo, entran en el terreno de la subjetividad, de cómo lo percibe cada uno, sus intuiciones y, no nos olvidemos, muy importante, sus deseos.
En primer lugar y, a riesgo de equivocarme, hay un ambiente entre las "personas informadas" de anunciar el cataclismo sino inminente, sí impepinable a medio plazo.
Siempre me ha llamado la atención la necesidad que tenemos ciertos seres humanos de que ocurra algo radical para que acabe de una vez por todas ¡por favor! este circo que tan poca gracia tiene.
Yo estoy convencido (subjetivo) de que un día explota el invento. No tengo duda. Pero no tanto por una cuestión de que se hayan impreso demasiados papelitos sino porque lo que ha llevado a imprimir tantos papelitos es la codicia, y ésa, la codicia, no entiende ni de épocas históricas, ni de ideologías, ni de razas, ni de países, ni de nada que no vaya más allá de un milímetro de nuestra propia nariz.
Por la regla del tres, sí, esto tiene que petar. Pero por la regla del cuatro, no necesariamente. ¿Cuál es la regla del cuatro? ¿Hasta dónde nos llevará la codicia que es una de las fuerzas del universo, que mueve montañas, continentes y lo que haga falta? Pues vaya usted a saber.
¿A favor de la regla del cuatro?
Una población que, como dices en tu comentario, está cada vez en una situación más precaria, pero que espera como agua de mayo que alguien le prometa valles de miel y leche en abundancia y no sé por qué me da Fernando, que todavía vamos a asistir a muchas lluvias de falsos salvadores.
Hay traca para rato. Hasta que nos demos, o se den cuentan, a los que les toque, que los problemas no estaban ni en la impresora, ni en los papelitos.