A ver, los dividendos se descuentan de la cotización. No es que proceda de ésta, como cree mucha gente (proceden de los beneficios y del efectivo de la compañía) pero en última ambas cosas están relacionadas.
Bien, eso significa que si las acciones de una compañía cotizan a 100€ y la empresa reparte unos dividendos anuales de 5€ (el 5% del precio), tras la distribución, el precio de la acción pasaría a ser de 95€. Pero entonces sucederá algo significativo. Si la empresa quiere seguir pagando una RPD del 5%, suponiendo que el precio de la acción no ha subido ni ha bajado, el importe del dividendo esta vez será inferior a 5€, dado que ya no hablamos del 5% de 100 sino de 95 (=4,75). Así que el dividendo perderá atractivo para los inversores que compraron a a 100€. Por otro lado, si la compañía decide mantener el valor absoluto del dividendo (los 5€) para contentar a esos inversores originales, entonces provocará una caída mayor en la cotización.
Bueno, supongo que se ve cuál es la lógica de todo esto. La conclusión es que una compañía no puede estar perdiendo cotización constantemente sin que eso afecte a la dinámica de los dividendos. Si la cotización no se recupera tras cada reparto, o bien la compañía debe recortar el dividendo (con el siguiente cabreo de los inversores y probable huida de alguno -o muchos- de ellos), o bien debe comprometer sus fundamentales para poder seguir pagando la rentabilidad original (desvío de beneficios que podrían ir a la inversión, emisión de deuda etc.).
Conclusión: no basta fijarse en la rentabilidad sino en la sostenibilidad de ésta.