They live. La tengo vista 🙂
Sobre los arcontes, pongo unas líneas que escribí en el primer mensaje que escribí en el foro. La búsqueda
(De hecho creo que llegué al foro buscando información al respecto):
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Conócete a ti mismo. ¿Quién soy yo? ¿Archonthes, Anunakis o Anisakis?
Decían los sabios griegos que conocerse a uno mismo supone conocer a los dioses y a la esencia del universo… Pero perdóneseme, estoy empezando la casa por el tejado. Lo cierto es que ante la propuesta de conocerse a uno mismo habría que preguntarse qué yo hay que conocer, pues parece indudable que todos tenemos diversas personalidades.
En este tema tuve dos fogonazos de luz. Hace años leyendo el famoso capítulo de “Sombras de Barro” de Castaneda, en el que el viejo brujo explica a Carlos que nuestra energía vital es devorada por entidades foráneas que se aprovechan de nuestras explosiones sentimentales (ira, celos, decepción, miedo…) que generan una gran cantidad de energía pero que nos dejan exhaustos. El truco de estos depredadores de energía es que “nos dan su mente”, nuestro pequeño ego con el que nos sentimos importantes y atacados por la menor afrenta, y entramos en un modo dualista ataque/defensa…
En su momento lo consideré una teoría interesante pero no me lo llegué a creer mucho.
Más tarde leí el Poder del Ahora de Eckhart Tolle, y cuando describe lo que él llama el “Cuerpo del Dolor” me di cuenta de que estaba describiendo la “sombra de barro” de Castaneda. Ello me impactó bastante y me empecé a fijar en esas explosiones anímicas que todos tenemos de vez en cuando y en las que dejamos de ser nosotros mismos. Yo personalmente soy una persona muy tranquila, pero de vez en cuando, de tiempo en tiempo he sentido esa “¿posesión?” en lo que un buen amigo mío llama enfados sordos. A poco que nos fijemos todos podemos comprobar cómo la gente pierde el sentido, “no era yo mismo” decimos a menudo… Alguno dirá que de esta forma estamos quitando responsabilidad a nuestras acciones, pero el tema de la voluntad y el libre albedrío lo dejo para un poco más adelante.
En resumen tras hacer las anteriores observaciones investigué un poco en el tema y me encontré con que varios internautas habían llegado a conclusiones parecidas. No solo se relacionaba el “cuerpo del dolor” de Eckhart Tolle con la “presencia foránea” de Castaneda, sino también con los “arcontes” de los textos gnósticos (hay varias páginas que lo tratan en internet).
Dada la naturaleza del foro no quiero decantarme sobre la naturaleza última de esta instalación que nos roba la energía y dirige en gran medida nuestras acciones, que cada uno saque sus conclusiones si estamos ante un extraterrestre, una especie de malo, o desde un punto más racional, como propone E. Tolle, solo se trata de una reserva de energía traumatizada y parasitaria.
Lo cierto es que sea lo que sea, se puede desenmascarar porque actúa siempre en modo ataque/defensa, está separado de todos, se siente el centro de la galaxia, y tiene una desmedida importancia personal… y además algo nos dice, que cuando actuamos así no somos humanos, somos inhumanos, nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza. Por otra parte, existen un montón de leyendas, libros y películas que tratan el tema lo que sugiere que el ser humano en su más honda conciencia conoce la verdad (Por ejemplo el mito de Drácula y los Vampiros, las máquinas de Matrix que usaban a los humanos como pilas energéticas, la peli de “la Oleada turística de los Ultracuerpos”… y seguro que muchas más que ahora se me escapan)
Por lo tanto, parece que habrá que separar eso que no somos, de lo que está velado y que realmente somos. Muchos maestros Advaitas, como Nisargadatta nos dicen que lo que realmente somos es demasiado grande para explicarlo con palabras, pero sí podemos llegar a ver lo falso como falso, entonces se revelará por sí solo lo real (entendiendo real por verdadero).
¿Tenemos libre albedrío?
Si aceptamos mentalmente lo anterior, debería iniciarse el proceso de desenmascaramiento de la entidad que hace que nuestra vida sea una […].... Ojo, pero si usamos la mente en este proceso, y la mente está parasitada por ese bicho… ¿vamos por buen camino? No lo parece. Lo primero es darse cuenta de que no tenemos libertad. Ese es el primer paso para aflojar un poco las cadenas (quitárselas del todo es complicado).
Esto es complicado porque va en contra de un sentido de culpa/responsabilidad, y veneración del libre albedrío que en occidente tenemos muy inoculado, pero la idea no es nueva. El gran maestro Gurdjeff ya hablaba de que funcionamos como una máquina. Nos meten inputs, y nosotros respondemos con outputs…. Con una programación que está bien en los genes, en la educación, en todo un poco…
Como el tema de la “parasitación” esto no solo es una teoría, puede ser observado por cualquiera en su psique desde el momento en que apague la televisión, se calle y mire. Ello es evidente si pensamos en la vida de mucho de nuestros conocidos o en la nuestra misma. Todos conocemos a la típica chica o chico que ha estado con 5 parejas en relaciones autodestructivas, deja una y repite el mismo proceso con la siguiente, al típico emprendedor que se ha arruinado un montón de veces, inicia un negocio, se arruina, inicia otro y hace lo mismo, al que ha empezado a dejar de fumar en cuarenta ocasiones, y otra vez nos viene con el mismo cuento de que ahora sí lo va a conseguir…. Sí, todos tropezamos dos veces en la misma piedra, pero si fuéramos libres, ¿volverías a equivocarte voluntariamente?
Aún es más claro si volvemos la vista hacia nosotros mismos y vemos un poco cómo hemos actuado a lo largo de nuestra vida. Escoge cualquier decisión que tomaste y recrea ese momento. Es cierto que cuando actuaste te “creías” libre, y “pensabas” que hacías lo mejor, pero visto desde ahora, mirando hacia atrás, siendo como eras en ese momento, sabiendo lo que sabías, con la educación que habías recibido, y con el grado de conciencia que tenías ¿tenías alguna otra opción? Seguro que no. En otras palabras puesto en la misma situación habrías hecho lo mismo. ¿Libre albedrío?
Lo anterior es una buena terapia para perdonar reproches a padres y demás familia. La mayoría de los padres hacen con sus descendientes lo mejor que pueden con el condicionamiento que llevan de fábrica… realmente no pudieron hacer mucho más. Darse cuenta de esto, comprenderlo de verdad nos hace mejores y quitarnos mucha carga de encima.
Sobre este tema además de Gurdjeff, lo tratan de forma muy interesante los maestros Advaitas, como Nisargadatta, Maharashi, o en especial el contemporáneo Ramesh Balsekar que a mí me gusta mucho. Este explica que una de las sevicias que sufre el ser humano es la sensación del ser el “hacedor” de las cosas. Las cosas, las situaciones, los desenlaces suceden, el ser humano se limita a ser un engranaje más de ese mecanismo universal según su programación. Eliminar la idea acendrada de ser el “hacedor” supone una liberación. Y la misma idea está en el Baghavad Gita “Todas las acciones dimanan de los tres gunas, pero el hombre dejándose seducir por el amor propio cree: yo soy el que actúa”.
Muy por encima he leído algún artículo científico de neurociencia y de Stephen Hawkings (el cual por cierto siempre me ha caído muy rellenito) que confirman científicamente esta idea. Muchas religiones orientales también tienen una idea de destino escrito e inexorable.
Entonces se pregunta el occidental, ¿no puedo hacer nada? Bueno, existe un resquicio de libertad. El ser humano puede tomar conciencia, darse cuenta, de su programación. Y entonces, en alguna medida puede cambiarla, y quizá en caso de santos y místicos desprogramarse completamente y ser libre… En palabras de la filósofa española Mónica Cavallé (que me encanta), “Nuestro crecimiento no viene dado por lo que nos pasa, sino por las respuestas activas que damos ante lo que nos pasa”. Don Juan también decía que la verdadera libertad del guerrero era la impecabilidad, hacer las cosas dando lo mejor de ti mismo."
Y perdón por si es un poco off-topic, pero no sé por qué me he acordado de este mensaje y me apetecía compartirlo.