To The Moon!!: IOTA a 40$ antes de acabar 2021. Ahora está a 0.58$!!!

Dios te oiga, pero yo me conformo con aguantar con IOTA hasta el final de ciclo y vender... Después ya volveré a comprar de nuevo, pero no voy a comerme de nuevo una caída como la de 2018... No, gracias XD...
Si comprar es fácil, la gracia esta en saber cuando hay que verder. yo en el run de 2018 me quede a un 20% de mi objetivo. y ahí me quede colgado.
 
El meneo que le han metido este finde, hacerla bajar un 45% sin volumen y con la peña mirando neflix lo valoro como una frescada de los rellenitos para entrar a saco a por precios baratos.. igual lo repiten
Si otro viernes le meten arreo para arriba a horas fuera de mercado, preparo pasta para meterle el lunes (sacar no saco, que perdemos el tren)
 
pero si solo ha bajado un día, si lo tocas es para comprar mas.
que cabecicas ttienen algunos.
Leccion aprendida, como digo vendi solo una parte,si pasa de 1.40$ me subo rapidamente pero mientras tato voy a esperar a ver si el bitcoin la arrastra pabajo y me monton donde me baje o incluso mas abajo
 
Cuidado con las ventas para recomprar, te dejan fuera en menos que canta un gallo, a eso se le llama PERDER LA POSICIÓN y es un fallo terrible en las finanzas. En los mercados bajistas todos aguantando como gilipilas y en cuanto se pone bullish vendemos a la mínima que sube un poco para recomprar más por si cae.

Es lo que le ha pasado a mucha gente con bitcoin, en este foro mucha gente ha soltado con esa idea a 6k, 7k 9, 11, 13, 20... Todos esos están ya fuera del mercado y tirándose de los pelos, tened mucho cuidado con eso. Y IOTA te puede dejar aún más rápido fuera que BTC por qué es aún más volátil.
 
Yo en 2017 estaba muy perdido en lo que hacía... Ahora no sé el día justo en el que IOTA va a hacer el máximo, pero sé al menos hasta cuando puedo dormir tranquilo por las noches XD. (suponiendo claro que los de IOTA no cometan ninguna defecada porque entonces sí que estamos dolido)...
La unica cosa que me preocupa es que los de iota no la enjuaguen. O demas, secundario
 
Cuando al doctor en psiquiatría Segismundo Dimitrovich Plutarco Ponce lo erradicaron de la villa en la que vivía con su querida progenitora, decidió asentarse en La Sagra, en la localidad de Chozas de Canales, en la comarca de La Sagra. Desde entonces, el psiquiatra se traslada todas las mañanas en su Volvo hasta el Hospital de Móstoles y luego de pelearse con traumas y traumatismos, anche quemaduras, vuelve a ponerse al volante para visitar a su amiga, la viuda “Pirámide”.

Cuentan los chismosos que el doctor en psiquiatría es medio huraño, hosco y solitario empedernido. Sus amantes jamás lo visitan en su adobado de ocasión de derribo de burbuja inmobiliaria. Las viejas del visillo de la urbanización donde reside la viuda, dicen saber anécdotas redonditas sucedidas entre el galeno de la mente y la mencionada dama; no porque ella sea lengua suelta, o él un vanidoso que anda contando sus logros sensual. No.

Sucede que a pocos metros vive un parapsicólogo desocupado que en su tiempo libre (todo el día) ronda espiritualmente las casas cercanas, y así ha visto que la viuda Pirámide tiene manías abusa de los derechos eróticos del hombre. Por ejemplo, antes del acto amatorio enciende cuatro velas gigantes en las respectivas cuatro puntas de la cama matrimonial, cubierta con sábanas de seda blanca con puntillas rosa apagado. En los instantes previos, observa con sus ojos verdeficción a su amante y tras relamerse el lunar velloso que le aparece impúdicamente en el mentón, lo invita a echarse en el sarcófago. Perdón, en la cama.

Don Pompa de Mingo, propietario del bar aledaño a la casa de la susodicha, cuenta a quien quiera oír y a quien no también, que el parapsicólogo le pasa un pormenorizado informe diario de las ocurrencias sensual de la viuda, que por lo demás, cambió su ritmo de vida desde la llegada de este hombre, el profesional de la psique.

Una noche de invierno de 2021, Segismundo y la Viuda Pirámide comparten las últimas tazas de un café recocido y descafeinado en la mugrosa mesa de la olorosa cocina de la viuda. Los vahos propios del gas encerrado y otros desperdicios amontonados impiden oxigenar normalmente las pituitarias. Cuando se acaba el café, Segismundo arrima unos centímetros su taburete al de la viuda, le toma las manos y mirándola fijamente a sus ojos verdeficción le susurra palabras de alto contenido romántico. A juzgar por las facciones del rostro de ella… se está aburriendo. De repente las cosas toman un giro de 180 grados centígrados, cambiando la posición de los amantes. La viuda sujeta la cara del doctor y comienza a mojarlo con besos procaces de lengua marchita; su saliva enmohecida hace surcos de barro y grasa sobre la mesa de fórmica. Segismundo, entre excitado y asqueado porque la viuda se ha tomado tres platos de sopa castellana de ajo, acepta el invite. Ambos cuerpos inician el temblor de la pasión. Las manos se enredan en caricias desordenadas, sin previo aviso. La humedad del ardor sensual se apodera de los dos y un sudor perla sus frentes (“un” sudor, porque en invierno los sudores escasean). Ahora las caricias se convierten en vulgares y procaces manoseos. Los vidrios, ocultos tras los visillos comunes, arrebatados de una bolsa de residuos, comienzan a empañarse. Aún no van a la cama.

Y, de pronto, la puerta de la cocina se abre.

Unos ojitos inocentes interpelan a su progenitora acerca de tan poco gastronómica posición. El vástago de la viuda Pirámide, ocho años de edad, está con insomnio y acude en busca de un vaso de leche tibia para encontrar, no sin perverso pavor, a su progenitora y un amigo haciendo eso que se venía relatando.

El mocoso se aferra a la pierna desabrigada de su progenitora, implorando por un vaso limpio, mientras el doctor Segismundo Dimitrovich, en un arrebato de lucidez, cierra la bragueta de su pantalón pellizcándose… un tendón.

Esta traumática experiencia en la cocina de la viuda, le cuesta al doctor en psiquiatría cuatro sesiones extras con su analista, una bolsa de hielo y tres aspirinas recubiertas.

Un amigo le recomienda ganarse la simpatía del infante. Una tarde decide comprarle dos cochecitos de plástico, una bolsa de masilla y un paquete de figuritas. El rapaz, audaz e inteligente, sabe cómo sacarle provecho a la actitud estulta y poco pedagógica y comienza a negarse cuando su mamá lo envía a dormir.

Los amantes deben esperar varias noches hasta que el endemoniado preservativo acomoda sus sueños infantiles a los ardores adultos. Aun así, cuando inventan una mullida sesión sesso en el salón, el mocoso sigue alerta. Una mañana despierta a su progenitora mientras sostiene entre sus deditos unas braguitas zain:

-Las encontré en el sillón, mama.

Al fin los amantes llegan a un acuerdo de partes: el doctor visitará a la viuda después de medianoche, dando tiempo a que el niño se duerma profundamente.

Cuando el frío de una noche de julio aprieta los calzoncillos largos, Segismundo toca un timbre furtivo, breve. La viuda acude a abrir la puerta. Entre sus piernas, flacas pero atractivas, excesivamente desencajadas, aparece el maquiavélico rostro del petit malo:

-¡Hola, tío Segis!

Esa noche de julio comienzan las vacaciones de invierno y los tres deciden jugar a los naipes. Segis piensa que el niño se calmará teniendo una actividad lúdico-familiar, algo que le sustituya esa ansiedad de espía celoso, producto de la temprana ausencia de su padre.

Con el pretexto de no conocer el reglamento del tute, la viuda se sienta en las rodillas de Segismundo quien, muy a pesar suyo, nota que se está excitando. Mientras, el niño sigue sumando puntos y descontando cansancio. La viuda percibe en sus nalgas el miembro duro del doctor. Y así descubren que, ella con faldas amplias y él con pantalones babuchas, pueden hacer el amor en posición chicle. El placer de lo prohibido los ha paralizado. Están abotonados.

Relatar los hechos puntillosamente carece de ética y gracia. De todos modos deben recurrir a la ayuda del muchachito, quien viendo un video prono aprendió cómo actuar en estos casos.

A partir de entonces buscan otras formas para amarse y cuando pueden hacerlo normalmente en la cama, si bien en contadas ocasiones, ya no se excitan como cuando se esconden.

Una de las manías de la viuda Pirámide es hacer referencias necrológicas alrededor de su luto. Cuando no habla del difunto, recuerda, con una sonrisa, que para los creyentes “después del velorio viene el entierro”. Así, el ritual convocado tiene lugar en la cocina, en el baño, en el salón o en la azotea, para deleite de sus vecinos.

Pasa un tiempo y el hijito de la viuda de ojos verdeficción asiste al colegio por la tarde. Segismundo comienza a visitarla a la siesta, pero el diablito comienza a faltar a clases.

Finalmente, en contra de estas vicisitudes, la vela de la pasión sigue encendida para ellos…

Alguna vez se les apagará el mechero.

Tengo 46 años y 640 días cotizados a la seguridad social. Busco muyer que me mantenga. Si alguien quiere las obras completas de La Sagra que me mande un mp.
Me recuerda al estilo literario de la Regenta, no está mal.
 

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