Las emociones
En forma análoga como vivimos en un planeta de agua y nuestro cuerpo es 70% agua, el mundo emocional ocupa un lugar así de importante en nuestra vida. Nos pasamos literalmente toda la vida experimentando y creando emociones pero hasta ahora no se les ha dado toda la importancia que merecen.
El mundo emocional es quizá el mejor espacio en el cual se puede manifestar la dualidad en su máximo poder de expansión. Podemos encontrar emociones como el repruebo o los celos que pueden causar tanto sufrimiento, o emociones como la compasión, la gratitud y el respeto. Para entender cabalmente los patrones mentales también es necesario entender la mecánica de la relación con nuestras emociones. Cada pensamiento puede generar una emoción. Así muchos de nuestros patrones emocionales son descendientes de nuestros patrones mentales.
La calidad de nuestras emociones depende de la calidad de nuestros pensamientos y son las emociones en definitiva quienes tienen el poder de crear estados más duraderos y “reales” en nuestro ser a través de sustancias como neurotransmisores y hormonas. Cuando nuestra atención se dirige no solo hacia fuera sino también hacia adentro, uno puede observar cómo se dan estos procesos internos y sobre todo cómo podemos influir en ellos.
Las impresiones y los estímulos entran a nuestra vida a través de los sentidos (aunque paralelamente son captados energéticamente por todos nuestros altares). Esta información sensorial pasa en un acto a nuestro intelecto, quien en cada suceso emite juicios que solemos llamar pensamientos. Cada juicio-pensamiento (bello o innecesario) responde a cómo está configurada la mente de cada individuo, a sus patrones mentales -construidos en su pasado- en base al placer o al dolor que le tocó experimentar.
Mas cada vez que surge un pensamiento, este genera una emoción afín al pensamiento y ambos vibran y resuenan en la misma frecuencia. Bellos pensamientos crearán bellas emociones y oscuros pensamientos crearán oscuras emociones. Por lo tanto somos los únicos responsables de nuestros estados emocionales, tan solo por permitir -o no- determinados pensamientos.
Este hecho de descomunal importancia no queda solo ahí. Las emociones no solo generan nuevos pensamientos (que a su vez generan nuevas emociones), sino que se conectan con la parte física a través del sistema nervioso y el sistema endocrino, el cual activa la producción de sustancias muy poderosas como hormonas y neurotransmisores que afectan físicamente a todo nuestro organismo.
Un ejemplo muy claro es el de la adrenalina que es activada por un estado emocional en el que presentimos peligro. Ante una situación de peligro percibida por nuestros sentidos, el intelecto crea la emoción miedo y ella dispone que se descargue la adrenalina en nuestra sangre como respuesta adecuada a esa situación.
Existen cientos de sustancias que están afectando permanentemente todo nuestro ser y la mayoría de ellas tiene su origen en el pensamiento. Pero así como existen sustancias que podríamos llamar “neutras”, existen muchas otras que son verdaderos venenos que intoxican todo nuestro cuerpo.
La ciencia ya ha identificado algunas con nombre y apellido pero en general les llama neuropéptidos o neurotoxinas . Estas son generadas por todo tipo de emociones negativas, como el repruebo, la envidia, la cólera, la venganza, la frustración, la indiferencia, los celos, la autoconmiseración, la maledicencia y el rencor.
La vieja frase: “El rencor es el veneno que uno toma pensando que puede cancelar a otro”, cobra valor científico.
En conclusión, no solo nos intoxicamos emocionalmente sino que vamos destruyendo nuestro cuerpo con sustancias corrosivas. El estrés es uno de los mayores generadores de acidez creando el perfecto ambiente para todo tipo de enfermedades.
Sin embargo existe la posibilidad de usar esta misma maquinaria para generar un efecto opuesto. Buenos pensamientos generarán buenas emociones las que producirán en nuestro cerebro pura medicina.
El DMT, la serotonina, la dopamina, las endorfinas, la anandamina son algunas de las muchas sustancias que podemos producir mediante el pensamiento. Todos estos son neurotransmisores endógenos que a la vez retroalimentan nuestros estados emocionales. Podemos producir cientos de sustancias como estas, cada una más bella que la otra.
Las plantas maestras nos abren las puertas a un gran entendimiento, pero luego cada uno tiene que asumir la responsabilidad de donde quiere vivir, si en el paraíso, la tierra o en el infierno de sus emociones; si en la mentira y el embeleco o si en la luz y la honestidad, al precio que sea. Evidentemente cada uno de estos niveles emocionales tiene un costo energético diferente. Estas medicinas generadas por nosotros mismos tienen un efecto directo sobre la consciencia. La consciencia al expandirse poco a poco, empieza a prestar atención a pensamientos de la mente mecánica que ya no resuenan con su actual estado y comienza a tomar distancia de ellos porque simplemente ya no los disfruta. Se vuelve sensible y crea rechazo, al “mal olor” que antes disfrutábamos y que hoy nos parece inaceptable. Si a través de la consciencia uno puede sostener bellos pensamientos la máquina girará siempre en positivo, si la dejas suelta simplemente estás perdiendo un tiempo muy valioso para sanar y evolucionar.
Esta es la función que cumplen los mantras y los rezos en todo sistema religioso: Sustituir los pensamientos erráticos y/o negativos por un pensamiento que genere bellas emociones y en consecuencia: Medicina.
Cabe señalar que si no tienes una conexión real con el mantra y no conoces su profundo significado el trabajo queda a medias, podrás detener la mente y ponerla en neutro pero no generará una emoción de gran calidad ocasionando –casi- otra pérdida de tiempo.
Por eso propongo plantar en la mente pensamientos semillas que sí puedas entender para que generen las más hermosas emociones. Depende de ti, de tu imaginación.
Según la tradición Hindú cada chakra está complementado con valiosa información, como la deidad, el yantra y el mantra que los representa; pero un dato interesante es lo que llaman el bija mantra que es como la semilla o la raíz del mantra, que es justamente el tipo de vibración que lo caracteriza y lo hace resonar.
Este mismo efecto lo podemos lograr relacionando cada centro con el pensamiento adecuado.
El desarrollo de los tres centros (físico, emocional y intelectual) se da básicamente en paralelo, aunque en distinta medida. Es decir que si bien se desarrollan los tres simultáneamente en su forma primaria, hay personas que muestran con claridad un notable desarrollo en alguno de estos tres centros sin que esto signifique el desarrollo de un pleno y armónico equilibrio.
Dicho de otra manera, habrá personas que tengan altamente desarrollado el primer centro y muestren un desempeño adecuado a nivel físico y material, pero la sutileza de la energía emocional o el desarrollo intelectual no estarán muy presentes. Por otro lado puede haber personas que han desarrollado el primer y el tercer centro, pero al ser esto parte de la evolución mecánica, no desarrollaron plenamente el segundo centro, teniendo que vivir de espaldas a un desastroso mundo emocional. Muchas personas a pesar de tener un “gran intelecto” viven expuestas a verdaderas tormentas de emociones negativas que se asumen como parte de la vida o aun peor, que por recomendación de algunos psicólogos creen tener necesidad de expresar.
No creo que esto tenga que ser así necesariamente. Evitar una situación que sé que terminará en una detestable emoción negativa, es más inteligente que aceptar mi mecánica emotividad y luego buscar cómo o donde expresarla.
Por eso el desarrollo de la consciencia implica volverse consciente de cada centro, de cada altar, de manera que la energía ascienda por cada uno de ellos en forma pura y podamos replantear nuestra relación con cada uno de ellos.
Tenemos que llegar al pleno desarrollo del centro intelectual y luego tener la humildad de revisar nuestro mundo emocional, y comprobar que no le corresponde a un intelecto verdaderamente desarrollado el experimentar emociones negativas, muchas veces fruto de condicionamientos mentales. Es muy importante entender que no estamos hablando de reprimir emociones sino de entenderlas y reconocer los patrones mentales que las producen.
Otro hecho importante a destacar en cuanto a nuestras emociones, es que normalmente los estados emocionales son más duraderos que los estados intelectuales. Es muy fácil comprobar como nuestros enojos pueden durar varias horas -generando neurotoxinas durante todo este tiempo retroalimentando el estado- por lo que es nuestra responsabilidad reconocer cuánto tiempo al día pasamos en estados emocionales negativos, neutros y positivos, sabiendo que son solo los últimos los capaces de transformarnos permanentemente.
Honrar la medicina del agua significa tener la palabra justa y la emoción perfecta para ayudar a quién lo necesite. No está bueno dejarse arrastrar por el juego de las emociones para terminar todos ahogándonos en una bañera.
Vaya si es complicado limpiar las propias aguas para no hundirnos en esas tormentosas y apasionadas emociones, que mientras las estamos viviendo parece imposible el separarnos un milímetro de ellas.
Es impresionante el poder que tienen las emociones sobre nosotros, la capacidad de convencernos de que somos ellas, de crear este apego casi indisoluble entre nosotros y nuestra ira, entre nosotros y nuestra envidia, entre nosotros y nuestra soberbia, entre nosotros y nuestro resentimiento. Pareciera que mientras estamos atravesando una intensa emoción no hay poder en la tierra que nos haga recuperar nuestro centro, nuestra consciencia. Este es el verdadero poder de la ilusión en su máxima expresión, la divina Maha Maya.
¿Quién se puede atrever a decirnos que nuestro enojo no es justificado, que nuestro sufrimiento no es real? En un punto muy adentro de nosotros mismos, sabemos que todas esas emociones son partes del cuento que nos hemos montado como parte de nuestra falsa identidad.
El descubrir que la verdad duele tanto hace que nos alejemos permanentemente de ella. Nos cuesta demasiado reconocer o admitir cómo podemos ser tan ignorantes al saber que somos la persona que más daño nos puede hacer en la vida. Es tan fácil recurrir a la emoción de buscar culpables afuera y encontrar miles de razones y argumentos para justificar por qué no podemos ser felices.
En vez de gastar tal cantidad de energía intoxicándonos y volviéndonos negativos -insultando a padres, hermanos, parejas, amigos, políticos, presidentes y extraterrestres- podríamos redirigir un pequeño porcentaje de esa energía para detener ese patrón emocional de buscar culpables, y dejar de exigirles que nos den la felicidad que nosotros mismos no somos capaces de darnos.
Esta toma de consciencia es una declaración de dignidad, es nuestro reencuentro con el poder y la responsabilidad en cada uno.
Nadie puede hacerte más daño que tú mismo, nadie puede engañarte más que tú mismo, nadie puede amarte más que tú mismo.
Ahora ya no hay más escusas, toda la responsabilidad que depositas en los otros sobre tu felicidad o infelicidad es parte de tu cuento, ya lo sabes y tu decidirás que haces con eso.
Como ves, desde tiempos inmemoriales el agua no solo representa la sensualidad y el placer sino fundamentalmente el conocimiento. El conocimiento que te ayuda a vivir bien, a salir de las trampas de las propias aguas, el conocimiento que te enseña a distinguir entre el agua medicina y el agua veneno. El conocimiento que te muestra cómo y en qué medida el veneno se vuelve medicina.
El conocimiento que refleja esa luz divina sobre nuestras aguas para mostrarnos nuestras emociones tal cual son, y a la fecha, quienes somos en función de nuestras emociones. ¿Qué nos permitimos experimentar como emoción? y ¿qué –realmente- ya no queremos más en nuestras vidas?
El tamaño de esta empresa no es apta para flojos, creo incluso que puede intimidar hasta al más valiente. Mas por ventura la rueda gira y nos permite aproximarnos una y mil veces, hasta lograr que nuestras aguas sean pura medicina.
Esta bendita capacidad que tiene el agua de recibir información y modificar su propio patrón molecular en función de la calidad de la información recibida, nos recuerda la importancia de crear, sostener y difundir bellas emociones, para no estar intoxicándonos los unos a los otros.
Por otro lado esta maravillosa capacidad de ser sensibles y poder resonar con patrones armoniosos, es uno de los secretos más importantes que tiene que ser comprendido para la sanación de nuestro cuerpo emocional.
Alonso del Río, Los Cuatro Altares - El Libro de la Liberación